CON VIENTO FRESCO
Economía desde el corazón
Samuelson recuerda en Economía desde el corazón que Keynes solía decir que hay dos clases de opinión: la pública y la informada. Así debía de ser en su tiempo, pero no estoy muy seguro que esto valga para el nuestro en que toda la opinión es pública y casi siempre mal informada —o interesadamente deformada— en los asuntos económicos, como si nadie supiera nada. Hemos hecho realidad aquella ley de Gresham —la mala moneda expulsa a la buena del mercado— aplicada a los malos columnistas y contertulios, que también en esto han expulsado a los expertos de los medios de comunicación. Vivimos en la ceremonia de la confusión.
Todos opinamos con una alegría que provoca sonrojo. De repente nos hemos percatado que la economía no es una ciencia exacta y que los economistas se equivocan como todo hijo de vecino en lo de predecir el futuro económico. En realidad los economistas no son más que seudohistoriadores que analizan la coyuntura a toro pasado, y no siempre bien. Para eso es preferible dejar ese trabajo a los historiadores que lo hacen con mayor profesionalidad. Incluso Kindleberger (Historia financiera de Europa) sostiene que «la historia económica desarrolla más hechos, mejores hechos, mejor teoría económica, mejor política económica y mejores economistas». Así será si él lo dice.
Al economista le cuesta acertar porque la suya es una ciencia humana, en la que los sentimientos influyen en nuestras decisiones. Como no es cosa de expertos todos podemos opinar, al fin y al cabo en esta disciplina lo que priman son los sentimientos y no la razón, como enseña Daniel Khaneman, un psicólogo galardonado con el Nobel de Economía. Las finanzas dice este catedrático de Princeton no son «predecibles», ya que nuestros juicios están cognitiva, emocional y socialmente condicionados. Por eso a veces tomamos decisiones que contradicen dogmas de la teoría económica estándar: que los seres humanos toman decisiones racionales y que la mano invisible del mercado es un corrector fiable de los desequilibrios.
La mano invisible es negra y sin escrúpulos. Lo que demuestra esta crisis es que la economía no se puede dejar al albur de determinados expertos. Su interés no es el de la sociedad. La economía no la determinan fuerzas incontrolables, sino personas y grupos con intereses mezquinos, que nos engañan con hipotecas basuras, titulizaciones, primas de riesgo, bonos basura, productos derivados, opciones put y call, futuros swaps, caps y floors, y otra jerga semejante. La economía carece de corazón y ética, justicia y solidaridad, porque todos hemos renunciado a esos valores por el espejismo de una ilusión pasajera. Parafraseando a Del Bosque: pasamos de pobres a ricos muy rápido y no valoramos lo que teníamos. ¡Así nos va!