editorial
El fin de la marcha no es la rendición del carbón
La apoteosis vivida durante estos dos días en Madrid por los mineros debe hacer ver al Gobierno que no todo vale y que los ciudadanos, al menos los mineros, no van a permitir que se les ponga en jaque su trabajo y, lo que es peor, el futuro de sus familias.
Miles y miles de ciudadanos anónimos se echaron a las calles de la capital para mostrar su apoyo a la lucha minera. Una lucha que consideran justa y que ha servido para remover las sensibilidades de los ciudadanos, que no del Gobierno, con su presidente Mariano Rajoy y su ministro de Industria, José Manuel Soria, a la cabeza.
Un Gobierno que sigue en sus trece y que mantiene el severo recorte del 63% en las ayudas al carbón, que lastran el futuro de las cuencas y de una provincia como León, en la que el peso del carbón supone aún el 20% del Producto Interior Bruto.
Y es aquí donde debe mirar el Ministerio de Industria, que sólo habla de recortes que afectan a todos por igual. Por igual no, porque la reducción de las ayudas a la minería supone el cierre del sector y, desde luego, la economía no se puede permitir ahora el lujo de cerrar actividad alguna.
La Marcha Negra ha tocado a su fin después de 20 días, y el ministro de Industria no se ha dignado tan siquiera a recibirlos en todo este tiempo. Quizás Soria piense que el silencio hará que los mineros se olviden y se cansen, pero debe saber, y sino alguien debería hacérselo ver, que el fin de la Marcha no es la rendición del carbón, que parece es lo que busca el ministro.