EL RINCÓN
Turno de preguntas
Muchos españoles están aprovechando las jornadas de puertas abiertas para escaparse. No se sabe si la demografía es una ciencia exacta, pero suministra de modo muy aproximado eso que llamamos amor a la patria.
Muchos españoles prefieren amarla a distancia, ya que no creen que la dolencia de amor se cura con la presencia y la figura. Por eso se van y por eso algunos vuelven. Son la mejor respuesta a algo que nos estamos preguntando todo de modo especial los jóvenes: ¿qué hago yo aquí, donde no hay nada que hacer más que quejarse? Para tomar una decisión son innumerables los que toman las de Villa Diego. Las políticas de austeridad no son sugestivas. Nos prometen más miseria además de la que ya tenemos encima. ¿Por qué no nos preguntan si estamos de acuerdo con la asfixia económica? Se pueden llevar una mala contestación
El comedido líder sindical Ignacio Fernández Toxo, que quizá sea más duro que su pareja de hecho, Cándido Méndez, propone un referéndum
Creo que cada día está siendo más inexcusable, aunque la respuesta esté en la calle. No parece verosímil que el bueno de Rajoy esperara aclamaciones, pero la indignación contra los recortes ha sorprendido a la propia empresa
Cientos de miles de personas se han manifestado en las ochenta principales ciudades de la nación. Algunas exhibían pancartas reversibles incorporando el repulsivo lema de la señora Fabra, el ya célebre «que se jodan», otras exigían por escrito: «El próximo parado, que sea un diputado». Está cercano el ruidoso día en el que haya que responder porque se acaba el turno de preguntas. Atahualpa Yupanqui hizo célebre una canción doliente llamada ‘Preguntitas a Dios’. No esperaba respuestas, bien porque pensaba que Dios es autista o porque creyese que ese señor «almuerza siempre en la mesa del patrón». Quienes esperamos que al morir empiece la Edad de las Respuestas, yo mismo en otra época, no tenemos tiempo que perder.