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camino gallego
León

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Ahora que estamos con los recortes no se entienden algunas cosas. Desde hace años vengo lamentando que la noche leonesa sea oscura como boca de lobo, que por más que nos han vendido los sucesivos equipos de gobierno la remodelación de la iluminación de los distintos barrios, lo cierto es que nuestras calles están oscuras. Nunca he entendido cuál es el problema, porque farolas hay, pero me temo que están demasiado altas. Creo que si se trata de iluminar la calzada y las aceras, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de nuestras calles son estrechas, no entiendo que se coloquen tan altas las farolas, porque lo único que sirven es para que algún vecino próximo a ellas pueda leer sin encender su luz, pero al suelo casi no llega resplandor. Además la potencia de tales luminarias no debe ser muy elevada. La realidad es que si se comparan los lux de nuestras farolas con los de las de cualquier ciudad de nuestro entorno comprobaremos que estamos en desventaja.

Sin luz no hay seguridad, he escrito muchas veces. Ni para los peatones que no ven donde pisan (y nuestras aceras y calzadas no están tan libres de trampas como para ir a ciegas), ni para disuadir a los amigos de lo ajeno que amparándose en la oscuridad están más protegidos para sorprender a sus víctimas, ni para los conductores de vehículos que con las luces de cruce y sin claridad ambiental no pueden prever las irrupciones de peatones y bicicletas en las calzadas.

En los últimos tiempos he observado que la norma de antes de encender una farola sí y una no en las calles ha pasado a mejor vida, lo que es de agradecer. Sin ser el colmo de la claridad, por lo menos se ve mejor. Pero como también es cierto que la crisis ha reducido muy considerablemente el número de personas y vehículos que circulan de madrugada por las calles, es por lo que me atrevo a sugerir a Poridad que reduzca el despliegue lumínico a partir de — pongamos— la una de la madrugada de lunes a jueves y a partir de las cuatro de viernes a domingo inclusives. Así se ahorrarán un dineral, que no están los tiempos para despliegues y más con la última subida de la tarifa eléctrica, a la que se puede sumar otra no tardando mucho. Y como no hay a quien alumbrar, con una farola sí y otra no hay de sobra. Claro que con excepciones, pero no les voy a dar yo todos los detalles, también tendrán que pensar ellos algo, digo yo.

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