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García Carmona. Periodista jubilado
León

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Defender León olvidándose de sus ríos es de muy poco «leonesismo» y menos cultura ecológica. Cuando aún tenía pantalones cortos, con diez años, conseguí mi primera trucha en León. Fue en el río Geras a su paso por el campamento Rey Pelayo, entre Beberino y Cabornera. Curiosamente, fue a tenedor, cuando me encontraba subido en una piedra del río lavando mi plato y cubierto. ¡Qué tiempos! Han pasado casi 52 años. ¡Ya llovió! No por ello mi mente se olvida de aquella hazaña que hoy critico.

Mi primera trucha, con caña, fue en el río Torío, en Garrafe del mismo nombre y por encima de la playa fluvial, a donde acudíamos cada domingo, a pasar la jornada junto a ese maravilloso río. Fue mi querido Luis Velilla, el cámara de cine del Teatro Emperador, el que me aficionó a pescar a cucharilla y con este arte la conseguí, no sin antes terminarle con la colección de ellas que llevaba en su cesta de pescar.

Con lo expuesto, me manifiesto como un gran defensor de León y sus ríos, sus peces, sus gentes… Por este motivo no entiendo que desde junio pasado, pocos, muy pocos, hayan puesto «un grito en el cielo» viendo como el río Torío desaparecía por metros, por kilómetros.

Una denuncia pública de Aems Río con Vida, de León; otra de IU de Villaquilambre y ahora, ese amplio colectivo de pescadores agrupados bajo el foro Pescaleón. ¿Qué pasa en León? ¿Qué pasa con el río Torío? Lo más curioso es que todo el mundo conoce el tema pero muy pocos actúan, y menos la Administración competente, aunque en este caso habría que escribir ¡incompetente!

Recuerdo que en una ocasión, cuando escribía de pesca en Diario de León y en La Voz de León tenía un programa semanal de pesca de trucha, propuse realizar una huelga de pescadores al inicio de la temporada truchera. Todo fue porque la Junta pretendía prohibir la utilización del cebo natural, algo a lo que yo no pescaba, pero sí, mayormente, los ribereños. Por entonces, me invitaron a un programa de TVE, en la 2, que se realizaba en el Centro Regional, en Valladolid. Allí acudí para enfrentarme a Pedro Llorente, director general, por entonces, de Medio Natural de la Junta, cabeza ilustre que había propuesto tal desacato al arte más ancestral de pescar y, de por sí, el arte de pesca de siempre. Propuse a los pescadores leoneses acudir el primer día a pescar a todos los cotos de la provincia, sin permisos, y pescando a cebo. Todo el mundo me decía que la idea era excelente y que de esa manera la Administración no podría sancionarnos a todos. La unión hace la fuerza, pero la «fuerza» fue muy gaseosa y se quedó sin gas. Vamos, el primer día, todo dios salió al río pero a pescar como siempre sin acordarse de promesas y desvaríos de la Administración.

Desde entonces, soy más prudente y, aunque intento criticar todo lo criticable y más, me dedico como la mayoría de los pescadores, a desarrollar mi afición, cuando puedo, y olvidarme de todo lo que la rodea. ¡Lamentable y por eso nos va como nos va!

Somos un gran colectivo, casi 50.000 pescadores en León, pero cada uno de una diferente madre. ¿No se pueden imaginar la fuerza que tendríamos como partido político? Arrasaríamos en cualquier elección a los ayuntamientos, la Junta o incluso nacionales. Entonces, ¿por qué vamos por libre o sólo nos unimos cuando ya no hay remedio?

El río Torío nos necesitaba hace unos años, como otros ríos de León, pero nos acordamos de él cuando las obras ya están realizadas, con impacto ambiental o sin él, y cuando todo lo que era vida ha desaparecido. Arreglar, lo que otros han matado, como que ahora no sirve para nada, compañeros. ¿Qué hacer? Sencillamente, continuar metiendo «la cabeza debajo del ala», he ignorar los problemas. ¿O no? Eso es, desgraciadamente lo que se está haciendo en León con el río Torío, pero no se olviden, primero fue el Bernesga a su paso por León y aguas más abajo y… mañana será el Omaña, el Tuerto… Tenemos lo que nos merecemos, aunque yo pido públicamente una vista pública para defender el Torío y todos los ríos de León.

Ustedes tienen la última palabra pero, después no lloren como niños, lo que no han sabido defender como hombres, aunque mejor habría que escribir: «no lloren como aficionados los que no han sabido defender como pescadores».

El día 1 de octubre la Asociación Pescaleón ha enviado escritos de denuncia a la CHD y a Medio Ambiente de la Junta. La Asociación Pescaleón ha dado la voz de alarma ante la escasez de agua en el río Torío debido al fortísimo estiaje de un año anormalmente seco «y a la captación o derivación de la mayor parte de su caudal» que ha provocado que el curso de agua del Torío haya desaparecido a la altura de Palazuelo.

Por su parte, Aems Ríos con Vida-León denunció en junio las obras de Villaquilambre. Ene el Torío se han dilapidado 663.000 euros de un convenio firmado por el Ayuntamiento y la para emplear maquinaria pesada que ha acabado con el lecho y el bosque de ribera, que han sido sustituidos por un canal y una escollera de grandes dimensiones. IU de Villaquilambre también denunció el maltrato del río y convocó una marcha el 2 de junio.

Ciudadanía, asociaciones como Ecologistas en Acción o URZ y amantes de los ríos vivos como Pesca León, hemos demostrado que no estamos dispuestos a permitir que, obedeciendo a intereses muy ajenos y contrarios al respeto, conservación y protección del Medio Ambiente, se destrocen ríos y riberas con obras absurdas que sólo sirven para despilfarrar nuestro dinero causando daños innecesarios a la naturaleza.

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Desde aquí, nuestro respeto y agradecimiento a todos los participantes y, en especial, a nuestra vecina y bióloga comprometida, que se ha volcado en en el tema y nos ha educado e ilusionado, ayudándonos a poner en valor nuestro entorno natural (algo que deseamos tengan en cuenta nuestros representantes políticos, sobre todo los que ahora gobiernan, tanto en la CHD, como PP/Cíviqus en nuestro Ayuntamiento). IU Villaquilambre seguirá apoyándola, a ella y a cualquier vecino/a que desee participar en la vida del municipio defendiendo una causa justa que repercuta en el bien de toda la vecindad.Y yo pregunto, ¿para qué tanta queja si al pescador no le importa un bledo y la Administración incompetente, menos?