Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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Al igual que me ocurre con otras muchas disciplinas, confieso ser un ignorante de tomo y lomo en las nobles artes económicas. Pero en vista de la tortura de las cifras, resulta evidente que estamos pagando las consecuencias de la bellaquería de ciertos lebreles que se hicieron pasar por banqueros y politiquillos de pro. Para eterna vergüenza de los mandamases de uno u otro signo ideológico, el beneficio del esfuerzo se ha ido a hacer puñetas y aquello que genéricamente conocíamos como Estado del bienestar, obtenido a base de muchos esfuerzos y renuncias, ha quedado más obsoleto que los conciertos de castañuelas. Recuerdo que poco tiempo atrás hubo elecciones y se nos vendió con argucias de tahúr que el problema del país se llamaba Zapatero, una suerte de Satanás disfrazado de ángel bueno, pero en vista de los nefastos derroteros por los que transitamos parece que la cosa no iba por ahí. Porque, que yo sepa, sigue vigente la lógica de impunidad que ampara a la práctica totalidad de la gandulería que ha acabado para siempre con los viejos y buenos tiempos de concordia social y progreso compartido.

Dada la tremenda patología que padecemos, es natural que andemos tan bajos de ánimos como de cuartos. No obstante, algún afortunado aún encuentra resquicio para colarse en ese mercado de trabajo que, con la deriva presente, acabará por convertirse en un escaparate de carne humana a precio de saldo. Si hablamos de León, los puestos que se ofrecen corresponden mayoritariamente al sector de hostelería, seguido por los comerciales y teleoperadores. Las exigencias actuales del ámbito económico discurren por estos derroteros, significados por la baja cualificación y, sobre todo, la temporalidad. En fin, aunque hay que reservar los aspavientos para mejor ocasión, todo parece indicar que nos aguarda un futuro a pan y sopa boba.

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