AL TRASLUZ
Otros huevos
Por las calles de León, un grupo de jóvenes estudiantes oferta a los transeúntes lanzarle un huevo a un novato, a cambio de un euro. La crisis agudiza el ingenio, dicen. ¿Pero por qué no ofertar ya un completo —insulto gordo, doble colleja y patada en los mismísimos— por cinco euros? Y resulta extraña flema la del pardillo, en su anhelo de integración en el grupo. El tradicional viaje de fin de carrera, el botellón o los bonobuses suponen un gran gasto para los alumnos, nos hacemos cargo, dicho sea en sentido metafórico, pero porque la economía esté en crisis no ha de estarlo también la dignidad, que es sagrada. Si estos mozos y mozas necesitan dinero para los asuntos propios de su relajada condición les informo que Felix Baumbartgner, el paracaidista estratosférico, busca quien le supla en su salto de los domingos. Paga muy bien. Pero mejor no les demos ideas, que son capaces de mandarle, a cobro revertido, unos pardillos para que escoja.
No confundamos el ingenio estudiantil, de natural gamberro, con el viejo desfile de las crueldades, tan viejo como el mundo. Lo vejatorio resulta incompatible con la diversión inocente. ¿Arrojarle huevos a alguien, cobrar y pagar por ello? Doy por hecho de que se trata de buenos muchachos, a quienes la cátedra de la vida aún les tiene que enseñar que la existencia no se reduce a payasos listos y a payasos tontos, aunque a veces lo parezca, a juzgar por las noticias de Economía. De lo que nos reímos nos define. Cuidado, pues. La risa te forma o, por el contrario, te deforma. El humor es un noble malabarismo circense, pero no sobre la vergüenza ajena o la propia, sino sobre el dolor. Y sí, vivir en un examen diario, tanto de asignaturas fáciles como de las difíciles. Para pasar de curso hay que aprobarlas todas, aunque sea por los pelos. No suspendáis nunca en dignidad, chavales, pues es la troncal sobre la que se apoyan las demás. Y aprended a discernirla de la mera soberbia. No basta con pasarlo bien, no en estos tiempos impíos. Ciertas risas están envenenadas.
¿Huevazos por dinero? Ni ofertarlos, ni recibirlos, ni lanzarlos. Antes le hace uno el salto dominical a Baumbartgner. Ya de caer, que sea desde lo más alto. Es decir, con dignidad.