Diario de León
Publicado por
LUIS ARTIGUE
León

Creado:

Actualizado:

Amí también me gustaría ser constructor de mí mismo, y sobrellevar superiormente y no en los laterales craneales una calva como los cardenales del Renacimiento o Rubalcaba, y lucir una barba blanca y luciferina contrastada con la resistente negritud del bigote, y tener en la frente una arruga horizontal parecida a la rajadura canalla de los gitanos puros de los poemas de Lorca…

Oh, sí, a mí también me gustaría ser un profesional de la supervivencia campechano y seco, ligeramente encorvado, al que los trajes negros le dieran cierto aire como de predicador de un western. Y ostentar ojos de toro de lidia y gesto adusto en las fotografías del periódico, y una nariz a lo Paco Rabal que le pusiera a mi cara cierto aspecto de ave de cetrería.

A mí también me gustaría poder sentarme así, sin que me afectaran ni la complejidad ni la turbiedad, en la mesa en la que se parte el bacalao económico a pesar de saber a priori que ahí todo rebasa lo económico; que de hecho ya no hay dios que diferencie lo económico y lo político; que el sentido ha sido sustituido por el interés; que prima el personalismo y el egoísmo más cuarteleros porque la norma es ya no defender la palabra todos sino la palabra yo...

Y me gustaría poder contar con una voz como aguardentosa, como de reyerta, con la que hablar desde una silla pero poniendo los cojones presidenciales sobre la mesa para decir así, como quien alza el vuelo sobre un cementerio gótico en el que los cuerpos aún están semienterrados, que, aprovechando que no podemos dar créditos a nadie debido a nuestra falta de liquidez y solvencia, sí hay que dármelos a mí… ¡Gran ciudad León!

Oh, a mí también me gustaría dedicarme a algo con lo que poder ganarme cada día no el pan sino el champán y el caviar; algo extratosféricamente remunerado y para lo que no hiciera falta tener ni formación ni talento.

De verdad que a mí también me gustaría poder soportar, al mirarme al espejo, el exceso de pretensiones. Y ser capitán de un gran barco de la economía y el ahorro en medio del intempestivo océano de la crisis. Y navegar sin que ningún maremoto me afecte personalmente. Y abandonarlo cuando todo parece que se hunde como hacen los capitanes italianos de los cruceros últimamente (escribo esta fantasía porque creo que el mundo se ha vuelto tan oscuro que todos estamos dormidos, que todos dormimos y soñamos más de la cuenta, acaso porque hay cosas que hay que soñarlas no para merecerlas sino para que merezcan la pena).

Oh, lo confieso: a mí también me gustaría que dimitir fuera más rentable que trabajar. O no, la verdad, no me gustaría nada.

tracking