FUERA DE JUEGO
Hacer oposición
No sé quién inventó el fax pero sin duda nunca llegó a sospechar la importancia que alcanzaría en la política. Durante años sobre las redacciones de los medios de comunicación ha caído una auténtica tormenta de envíos desde los partidos por aquello de hacerse presente. Parece que lo de «trabajar en política» pasa por tener a alguien enchufando todo tipo de notas sobre las más variadas ocurrencias. Ahora con el correo electrónico la cosa ha ido a más. Y eso completado con el teléfono móvil, que permite dar instrucciones caña en mano desde una terraza tras el pertinente «se van a cagar», expresado a los compañeros de mesa con los que se analiza sesudamente el caso.
Lo de las notas de prensa es curioso. Su volumen suele ser inversamente proporcional al número de votos o afiliados de un partido. Y las mejores son las de ciertos autodenominados «colectivos» —en la provincia los tenemos regionalistas a un lado y otro del Manzanal— y en las que lo único que se espera es lo que no llega: que por fin han dejado de ser «colectivos» unipersonales. ¿Se les habrá ocurrido que si a alguien le interesase su opinión se la preguntarían?
También las hay de bombardeo. Esas de corta y pega en las que con un ordenador y una conexión a Internet se intenta —a veces se logra— dar la sensación de que existe una corriente de opinión de numerosos colectivos, asociaciones o lo que sea.
Pero a lo que iba, a los partidos políticos. En el PP necesitarían alquilar un bajo —al estilo del Museo de León— para almacenar todas las notas de prensa que enviaron sobre la urgencia de las autovías o la importancia del carbón.
Estos días ha habido tormenta ecologista de notas por la muerte de la osa Jimena pero la más curiosa trata del profesor imputado por pornografía infantil. Por aquello de que el Pisuerga se empecina en seguir pasando por Valladolid y allí está la Junta alguien en el PSOE leonés vio la ocasión de dar «caña». En su nota de prensa, tras calificar de «escándalo de proporciones colosales» lo ocurrido criticaba que la Junta no había notificado nada al colegio en cuestión para a continuación —y sin mediar siquiera un punto— atacar que «ni siquiera haya tenido la más mínima constancia de los graves hechos». ¿En qué quedamos?
Temo que el que no se enteró de nada fue el autor de la nota. El juez había bloqueado la información y nadie sabía nada. Y poner «imputado por pederastia» en un caso de pornografía infantil... No deja de ser una anécdota pero deja claro que el fax hizo mucho daño.