LEÓN EN VERSO
Pobre osita
Del oso sabemos que es como el musgo; la contaminación lo ahoga. Una especie paraguas, garantía de la subsistencia de otras en un ecosistema que no admite prácticas invasivas. De la osita que encontraron en el Sil y que dieron por huérfana porque en unos cuantos kilómetros a la redonda no se vio ni rastro de su madre, sabemos que se la llevaron a engordar a Burgos, porque más cerca no hizo la Junta un lugar adecuado para que tuviera una infancia feliz; una infancia de oso, como dejó escrito el libro de la naturaleza. Los osos pardos de León tienen el hospital a trescientos y pico kilómetros del hábitat en el que se mueven; igual que el centro de inteligencia de conservación del tiburón blanco está en el interior del Sáhara.
Allí se puso oronda la osita huérfana del alto Sil y de su mamá. Y cuando volvía de viaje a las montañas de León, la palmó.
Que improvise Silván porque igual le terminan por preguntar a la consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, de la que sabemos por la guía de quién es quién en Valladolid, que tiene un jaleo de directores generales y secretarios que al consejero le hará falta hacer ejercicio mnemotécnicos para ubicarlos a todos, cómo es que se muere un ejemplar de una especie en peligro de extinción en tutela de la administración competente y al que se le había puesto a viajar tipo Willy Fog lejos, muy lejos del ecosistema en el que los osos pardos vienen al mundo, crecen, se desarrollan y mueren. Igual le preguntan, que estos de Europa suelen ponerse puntillosos con las cosas en las que gastan el dinero. Otra cosa no, pero para la conservación del oso pardo se ha gastado la Unión Europea más dinero que billetes hacen falta para asar una vaca.
Vienen y preguntan y se terminan por poner tan contentos como el comentarista cuando marca Messi; y a lo mejor a los directores generales que tiene Silván en Rigoberto Cortegoso (qué calle célebre) les entra la risa floja y empiezan a picar codo y a pasarse la bola; y el señor ese que manda el banco de Bruselas que todo lo paga se pone inquisidor y se encabrona y hace un informe riguroso y de rebote se acaba el dinero a espuertas para la fundación. En Europa, que de segundo apellidan rigurosos, no acaban de entender qué hace un oso de nueve meses dando vueltas en la pick-up de la Junta como si fuera un circo.