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MARGARITA TORRES
León

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Es Nochebuena, aunque no para todos los españoles. De hecho, cada vez para menos. Pero hoy, este día, tratemos de soñar con un futuro mejor…si nos dejan. Un futuro de empleo sostenible que, ¿por qué no?, puede incorporar el carbón en el horizonte. Si, el mismo que un ministro del Gobierno de España trata de hundir, so excusa de lo que pide Bruselas y bajo demanda de protocolos destinados a evitar calentamientos globales diversos.

Sin restar un ápice de importancia a un problema mundial asfixiante, pero que nadie trata de remediar en serio, visto lo que ocurre con la industria en China y en otros países como la India o Estados Unidos, donde cada uno quema lo que le da la puñetera gana; sin olvidarnos de que nos encontramos con una dificultad real a la hora de plantear el mañana del carbón, no es menos cierto que, allende los Pirineos, las noticias nos permiten cierta alegría para un sector que agoniza.

Todo nace de la esperanza de vida del carbón. Guste o no a nuestro ministro, en el 2030 generará el 40% de la energía eléctrica mundial. El petróleo se acaba en alrededor de 40 años, el gas supera por los pelos el medio siglo y nuestra sangre negra se mantendrá en producción —si Usías lo permiten— hasta dentro de 128, tal vez más, algunos auguran que llegará sano hasta dentro de 164 años.

Así lo asegura en Castilla y León un informe minucioso, bajo el paraguas del Consejo Económico y Social, en el que se analiza la sostenibilidad y su carácter de reserva estratégica. Dos conceptos que, desde la Junta, alguien debería explicar a los prohombres de Madrid, a ver si entienden que un país no puede depender en exceso, energéticamente hablando, de otro. Que está muy bien cerrar Garoña, pero nos comemos los mocos nucleares de Francia si ocurre, Dios no quiera, un Chernobyl en la tierra gala. Que ya está bien de templar gaitas y jugar con nuestro dinero. Porque es cierto que las renovables despuntan, pero no lo es menos que el carbón no es un recurso energético obsoleto, ni más contaminante que otros.

De hecho, si la crisis económica no acaba con las investigaciones para capturar CO2 emitido en la combustión de carbón, realizadas bajo el amparo de la Ciuden, tan cuestionada por algunos ahora, éstas continuarán su camino hacia la demostración empírica que nuestras minas, nuestro oro negro, tienen un futuro no agresivo con el medio ambiente.

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Ahora bien, para que esto ocurra, y no sea la pescadilla que se muerde la cola, Santa Claus debe traer esta noche cordura a los políticos, templanza a quienes arden en deseos de fulminar el futuro de nuestra provincia, más dinero para investigar a todos los científicos que luchan por demostrar lo evidente. Y a todos los leoneses, carbón durante generaciones. Feliz Navidad de todo corazón.