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León

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Seis meses después de su encierro y con el pozo donde pasaron 52 días ya clausurado como consecuencia de la aplicación de un expediente de regulación de empleo, los mineros que iniciaron la protesta contra el recorte de las ayudas por parte del Gobierno al carbón sienten que no mereció la pena el esfuerzo.

Es la reflexión que hacen los ocho de Santa Cruz reunidos por este periódico ante la bocamina que fue origen de tantas imágenes e informaciones en los medios de comunicación antes y durante la marcha negra, probablemente la última gran marcha minera. «No mereció la pena por el trabajo, pero sí por la gente que movimos», se consuelan en una afirrmación que precede a otra más dura: «Políticos y sindicatos nos dieron la espalda. Esto está apagado. Nos ganaron la partida».

Desde aquella derrota moral no han cambiado mucho las cosas para un sector en estado terminal cuya voz se fue apagando frente al inmovilismo de un Gobierno que no ha cedido un ápice en sus recortes y al que sin duda le ha faltado no ya sólo voluntad, sino sobre todo transparencia. Sin ir más lejos, le faltó anteayer al no dar explicaciones de porqué no llevó al Consejo de Ministros el pago de los 111 millones de euros de ayudas a la producción correspondientes al 2012, teniendo en cuenta que mañana expira el Plan del Carbón y el decreto que garantiza el suministro a las térmicas. El bloqueo de la información que ha impuesto Industria es, efectivamente, lo más doloroso de esa derrota moral y real del carbón.

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