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manuel alcántara
León

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Los charcos son suyos, pero como la calle es de todos chapoteamos en la misma corrupción. Llueve y vuelve a llover sobre mojado y empapa a los que adquirieron los mejores impermeables políticos. Un exdiputado del PP, abogado en ejercicio, admite el pago de sobresueldos en la cúpula de su partido, que ha decepcionado incluso a los que no votamos a ninguno.

Se revela que el arte de corromper exige una gran burocracia. Decenas y decenas de cargos y empleados del PP tenían que firmar recibos de sobres más o menos abultados. Si no lo hacían, el señor Bárcenas, conocido como Luis el Cabrón, podía meterles un cuerno, pero se volvió un coleccionista de autógrafos.

La colección más difícil del mundo es, según el ínclito doctor Tebusen, la de «mendrugos de ciudades sitiadas». No queda ninguno.

En cambio abundan los recibos de noticias fantasmales. Quienes cobran por su inasistencia tienen un gran sentido del compañerismo y no delatan a nadie que no conozcan.

Habría que profundizar en el estudio de la solidaridad entre los granujas.

Alí Babá debió de hacer cuarenta partes iguales porque jamás sufrió, que se sepa, ninguna rebelión dentro de su banda. Tampoco el señor Bárcenas hasta que le voló la nómina de las manos, no sin hacerle fotocopias a los recibos. Esa es su arma.

Se ha llegado a un siniestro acuerdo entre los chantajistas y se cambia información sobre los ERE por información sobre Gürtel. Hoy por ti y mañana por los dos.

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No esperamos ninguna catarsis, vocablo que proviene del griego y significa purificación. Exige arrepentimiento y hay muy poca gente que se arrepienta de cobrar sobres con billetes de 500 euros. El contento por percibir esas cantidades por las canalladas prestadas les impide sufrir el feo vicio de la envidia y ni siquiera observan que a su lado otros cobran sobres más gordos. En España hay para todos.