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León

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La situación del alcalde de Carucedo, Clemades Rodríguez, recibió ayer el aval y el amparo de sus concejales y también de los pedáneos de su municipio. Un hecho insólito si se tiene en cuenta la reciente condena por agredir a un vecino de la localidad. El amparo a personajes que no pueden permanecer ni un solo minuto más en política sólo sirve para evidenciar que los mínimos requisitos éticos para estar en un cargo público tampoco los cumplen quienes avalan a Clemades Rodríguez.

Avalar a un condenado hace de alguna manera cómplices a quienes eligen este camino cuando ya existe una condena judicial firme. La agresión a un vecino no puede ser olvidada y aparcada porque incluso en todo este proceso existe un inusitado olvido de la víctima hacia la que nadie se ha molestado siquiera en pedir unas disculpas.

El pronunciamiento de los concejales y pedáneos de Carucedo roza el esperpento porque incluso aseguran que la sentencia hace referencia a «hechos que nada tienen que ver con el cargo público que ostenta». Es un argumento falaz y extemporáneo porque para ocupar en cargo público existen unos mínimos de decencia y pulcritud que evidentemente en este caso no se cumplen. Un condenado y más por un caso tan grave como éste no puede permanecer al frente de la Alcaldía. Es un insulto a sus convecinos, que sufren como día tras día el nombre de su Ayuntamiento se ve enfangado por un asunto que ya tenía que estar solventado.

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