Diario de León
Luis Urdiales
León

Creado:

Actualizado:

Supimos que las cigüeñas mueren solas al tiempo que se desmoronaba el mito de la divinidad que rodeó a las zancudas desde que triunfó el movimiento. Nos lo contó Ramón Carrera, veterinario abnegado, que formó parte del comando de rescate del ave que murió en la espadaña de una torre de un pueblo próximo a Mansilla de las Mulas. La muerte y autopsia de aquella cigüeña es la historia de un dispendio; en medio de un acongojo colectivo por el virus H1N1, un alias de los de la gripe aviar, a Carrera le colocaron una tarde de invierno una funda blanca y lo mandaron al rescate del cadáver que pendía del pico de la iglesia, de donde sobresalía la pata tiesa del ave migratoria. Grúa incluída.

Resultó que ese atardecer de febrero de las postrimerías de san Blas, que como escribe el refrán da la bienvenida al ejército albinegro, es aún paradigma de que algo que no carbura en el engranaje de quienes nos gobiernan. La Junta rescata cigüeñas muertas pero todavía no sabemos quién debe rescatar a una mujer a la que se le prende la casa en medio de esta provincia inhóspita y en pleno invierno leonés.

Vaya por delante el reconocimiento al equipo de veterinarios, a los que seguramente en el temario de la oposición a condena de interinos de treinta años y un día, convocada en la época en la que Jaime González pintaba León entre embalses y pantalanes para que pescara truchas Zapatero, no se les especificó que entre sus cometidos estaba el de subirse a un campanario a recoger un fiambre con plumas.

Meritorio el ascenso de Ramón Carrera por aquella escalerilla hidráulica que escaló casi a la misma hora en la que cayó al foso del PSOE leonés. Lo arrojó Raquetas cuando se dio cuenta de que su concejal de consumo no era como Canuria. Y así y todo, tuvo cuajo para asomarse al nido a veinte metros de tierra firme, enfundado en el traje que llevan los que persiguen la peste, y asumir con entereza la función impropia de un facultativo mientras esperaba el resultado de la necropsia al pájaro, y serenidad cuando le informaron de que el cargo de director general para el que le reclamaba Elena Espinosa desde el Ministerio de Agricultura se añadía a la factura que le cargaron por sus discrepancias con la provincial. Luego nos sacó de ascuas sin levantar la voz: en la cigüeña, ni rastro de gripe aviar; la mataría la lluvia, o un macho rival. Todos los disidentes son brillantes.

tracking