HISTORIAS DEL REINO
Tocamos fondo
Nuestro país bulle de noticias preocupantes. Ocupa titulares en los principales medios de comunicación del Planeta. De pronto, España no sólo is different por Almodóvar, el sol, los toros o el flamenco, sino por la corrupción política, los escándalos y la falta de un sistema capaz de sostener el armazón de un estado que genera desconfianza entre los inversores.
Nos encontramos en un gran charco de lo absurdo, con unas taifas autonómicas que juegan a estados de Monopoly, como Cataluña, con ayuntamientos que quieren dejar de ser burgaleses para transformarse en vascos o riojanos, con quienes desean convertirse en la república independiente de su casa antes que apoyar al estado en un momento tan crítico. Tanto, que hasta la propia familia real ha quedado tocada por el escándalo Urdangarín, o la bella amistad entre el monarca y doña Corina, ex consorte del príncipe alemán Zu Sayn-Wittgestein, a quien la pelotería local llama alteza.
Desde la Jefatura del Estado, hasta la última de las instituciones públicas, comienza a tambalearse el dominó piramidal de la confianza en el poder. Por el camino, seis millones de parados aguardan una solución a la crisis que, sin escurrir nuestro propio bulto, nos llegó a través de la ambición de esos entes a los que llamamos «los grandes mercados». Un grupo de poderosos que actúa como los viejos linajes de la nobleza feudal. Obvio indicarles quiénes somos los siervos.
Es hora de un gran pacto de Estado, de una segunda Transición. De convertirnos en un ejemplo de regeneración social, económica, política, de valores para esa Europa de los mercaderes que nos aprieta cada vez más fuerte el nudo de la horca económica. Dejemos de mezclar churras y merinas, como decía el bueno de Miguel Alejo cuando era delegado del Gobierno en Castilla y León. No todos los políticos son iguales. Ejemplos de buen hacer, lealtad, honradez, transparencia, eficacia encontramos apenas vengan a la cabeza los nombres de algunos alcaldes de nuestra provincia leonesa, capaces de justificar céntimo a céntimo hasta lo más ínfimo del dinero público que manejan, o rebusquemos en el organigrama del gobierno autonómico o nacional, o en las filas de la oposición antes Gobierno.
Es hora de que sean ellos, los que todavía pueden mirar hacia delante sin sentir rubor, con el apoyo de millones de ciudadanos asqueados y hartos, los que limpien sus propios partidos para que volvamos a confiar en las instituciones, porque, si no toman la iniciativa, la calle, cada vez más enfurecida con los políticos, lo hará por ellos. Ha llegado el momento de construir una nueva España sobre las cenizas de ésta que agoniza mientras toca fondo. Necesitamos una segunda transición, una España edificada entre todos sobre las demandas de una sociedad moribunda.