FUERA DE JUEGO
Los siete magníficos
El panorama municipal leonés anda especialmente revuelto en las últimas semanas. Se acumulan los casos que generan desconcierto, que desafinan, incluso hay fugas... Un auténtico galimatías sin ton ni son en el que los directores de orquesta no son capaces de marcar el compás.
Hay siete alcaldes que han decidido irse con la música a otra parte. Han optado por irse a tocar por su cuenta, porque no les gustaba la partitura del nuevo solista llegado desde Madrid.
El problema es que surge inmediatamente la cuestión sobre la legitimidad de su estridencia. Aunque se intente minimizar el asunto la realidad es que tiene mucha relevancia porque cuestiona una vez más el sistema al plantear la duda sobre si es legítimo que retengan sus cargos privando de la representatividad a su partido —en este caso el PSOE— y especialmente a los votantes que optaron por unas siglas. En este caso incluso el sistema aún desafinaría más si las personas que residen en estas localidades se quedasen fuera de los repartos de fondos de la Diputación. Entonces sí que se generaría una injusticia mayúscula y rechinaría todo el organigrama institucional democrático aunque la cosa no parece que vaya por ahí porque el líder de la operación, Matías Llorente, ha demostrado sobradamente que a él el día del Titanic entre los que se quedaron en la orquesta ni se le podría haber visto ni se le esperaba porque ya se habría ido con la música a otra parte.
El problema de la propiedad del acta del cargo público está muy presente en Valderas o en Carucedo, y la realidad legal es la que es aunque chirríe abiertamente con la legitimidad democrática.
Se habla mucho de la necesidad de reformar el sistema pero no parece nada fácil que se puedan encontrar fórmulas para solventar este tipo de conflictos. Al final en todas estas situaciones está claro que el problema acaba afectando directamente al ciudadano, al que se le pide el voto periódicamente para luego reclamarle que soporte en silencio las andanzas de la orquesta.
Los siete magníficos ya han empezado su aventura y aunque el sheriff intente minimizar el daño para su partido —es del único del que se ha acordado— existe un problema real. En el cine, al menos, cuando suena la música final queda claro quienes son los buenos e incluso casi siempre acaban ganando.