EL BAILE DEL AHORCADO
Obsoletos
Seis mil euros. Si es que da pena lo que el poder se gasta(ba) en cultura. Una miseria, visto lo visto, que ya ven que Ana Mato despilfarraba más en confeti. Si me hiciera pasar por Monterroso diría algo así: La mayoría de los políticos somos honestos, dijo antes de cobrar por asistir a la comisión. Se nos ha olvidado que la corrupción no está sólo en dejar que te metan sobres en el bolsillo, y que lo que ocurre es que hemos llegado a un lugar en el que la banalidad es la ley, en el que la norma social manda, en el que el rebaño dicta leyes y casi nadie se atreve a salirse del balido repetido por la grey. Eso también es corrupción. Somos una congregación de corruptos, tanto que ya no lo vemos. Por eso no creemos que un comportamiento sea degenerado a no ser que vaya acompañado del correspondiente mondongo. Y así, sucede que un jurado deja desierto un premio al que se ha presentado Leopoldo María Panero. No voy aquí a reproducir los nombres de quienes integraron aquel comité de sabios, pero no me creo que Rosa enferma , el título con el que el poeta se presentó al González de Lama, mereciera tanta displicencia. Desierto, como la moralidad de algunos. Dice el poeta que en España se le trata como a un perro, pero esto es peor. Me dirán que han pasado dos años, pero como el categórico moral hace tiempo que desapareció, aquí me tienen, relativizando. Mi pregunta es si los miembros del jurado leyeron los trabajos presentados o simplemente aceptaron comulgar con la deserción. Qué quieren, no me creo que la intolerable lucidez con la que Panero encuentra luz entre desbrozos de mugre merezca tanto desprecio.
«Escribir en España no es llorar, es beber, es beber la rabia del que no se resigna a morir en las esquinas...» Antes, los poetas tenían mecenas, y, en realidad, era el mecenas el que se servía del poeta para rozar la inmortalidad. Hoy, el poder es tan zafio que cree que es el dinero lo que le vuelve inmortal. Supongo que de ahí este negocio de la libertad, y la masa desplazando al poeta y creyéndose que el arte se puede democratizar...
He oído que el premio se va a cambiar porque se ha vuelto obsoleto, y que la razón por la que se ha esperado dos años para recuperarlo después del último gran fallo es que se le quiere dotar de un aire tecnológico e internacional. El problema no es la obsolescencia del premio sino la de quien decide que lo es.