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CABALLERO
León

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Entre el leonés al que pillaron cuando volvía de Suiza con 1,8 millones en billetes de 500 euros y la denuncia de Hunosa contra Victorino Alonso, por presunta estafa de 46 millones de euros al distraer medio millón de toneladas de carbón, que le puede pasar a cualquiera, hay una provincia en la que incluso a los empresarios de la Fele les sobran 1,7 millones de euros para prestarle a Cecale, que viene a ser como la patronal de patronales en la Comunidad. Un rebosar de dinero que nos ha asaltado esta semana, en los entremeses de la celebración de los 30 años del Estatuto de Autonomía, para levantar el júbilo y afrontar el festejo con presencia de ánimo, como en aquellos tiempos en los que se repartía la extra antes de los discursos patrióticos. Albricias, llueve dinero, que quien no ha conseguido prosperar en estas tres décadas ha sido porque no se ha colocado bien, en el lugar adecuado, y ha cumplido con sus deberes de sentimiento regional. No hay más que darse un paseo de Posada de Valdeón a Izagre para verlo.

La ceremonia viene prologada por la entrevista de Rodolfo Martín Villa, quien cada ciertos años, por estas fechas, nos agasaja con el descubrimiento de algunos de los pasajes que rodearon la decisión de formar la Comunidad. Un novela por fascículos en la que, cansado de cargar con el peso de ser el leonés que decidió que estuviéramos sujetos a Castilla y ver los resultados, expía poco a poco las culpas con píldoras en las que informa que si la unión no fue con Asturias se debió a «intereses partidistas». Como si la decisión final hubiera sido fruto de un sesudo estudio sobre los beneficios de anclar las tres provincias de la Región Leonesa al yugo de Valladolid y Burgos, en vez de una respuesta defensiva para redoblar las fuerzas centrípetas frente a las autonomías que se asoman al mar por el norte. Unos intereses «partidistas» en los que todas las formaciones, incluido aquel PSOE que se paseaba detrás de la pancarta de «Somos socialistas, pero antes leonesistas», han desarrollado sus finanzas y aparatos burocráticos de forma considerable, a la par que León perdía población, se vaciaban las granjas, se abandonaban los tractores y las empresas encontraban otros nichos de negocio por la senda de la Nacional 601.

Hay que celebrarlo, qué duda cabe. Después de 30 años, aquí aún quedan paisanos. Si ven que no nos descubrimos es porque la boina quita frío.

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