Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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El seminario menor de la diócesis de Astorga ha tenido una vida itinerante y un tanto misteriosa. Hace muchos años estuvo en un lugar mágico y casi secreto: el monasterio de Las Ermitas, en la provincia de Orense. Allí, entre árboles y piedras venerables, aislados del mundo, aunque puede que no del demonio y la carne, los futuros curas asturicenses velaban su fe y su vocación.

Luego vino un obispo tremendo, que llegó a ser el cardenal primado de España, y que dirigió las exequias del funeral de Franco. Era Marcelo González Martín, vallisoletano de ultraderecha, pero con enfoques sociales.

Hombre ambicioso de Dios y del poder, creó el gran seminario de La Bañeza, un edificio que parece El Escorial. Pero ello era acorde con las imperiales pretensiones que hizo públicas el obispo cuando se inauguró aquel internado: formar cien sacerdotes nuevos cada año, cincuenta para la diócesis y cincuenta para misiones. Impresionante.

El futuro, sin embargo, fue muy diferente. Los seminarios se vaciaron y hubo que tomar medidas. De La Bañeza los pocos alumnos pasaron a Astorga en una retirada digna y triste, destinándose el gran hangar a residencia de personas mayores.

Astorga, empero, pese a su prestigio romano y católico, no pudo detener la bárbara reducción de vocaciones y ahora solo queda un puñado de novicios. Que la jerarquía ha decidido albergar en el colegio de San Ignacio de Ponferrada.

Ese centro fue fundado por los jesuitas, que lo abrieron en los tiempos de la ciudad del Dólar. Y que lo abandonaron pronto para ser traspasado a la diócesis. Tal vez por su origen jesuítico, el colegio siempre tuvo una impronta ilustrada, conciliar, activa. Muy enraizada en una ciudad industrial poblada por familias y gentes luchadoras, forasteras muchas veces, emprendedoras y optimistas. Un optimismo, eso sí, que sabe combinarse con la melancolía.

El recuerdo de aquel tiempo esperanzado y duro aún pervive en los cuartos del edificio de la Puebla Norte. Y que ahora serán la suave celda de los muchachos diocesanos que quieren ser curas. Mozos de Sanabria y el Bierzo, del Órbigo y Valdeorras, del Bolo y la Maragatería, de Cepeda y Vidriales, de Aliste y Cabrera, del Duerna y la Carballeda: el mapa bravo y romántico de la diócesis de Astorga, seguramente la más literaria de España, en reñida competición con Mondoñedo. Eterno diálogo entre Álvaro Cunqueiro y Antonio Pereira.

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Cuando no haya seminarios y quien sabe si fe, seguro que Cunqueiro y Pereira siguen hablando a los futuros pobladores del noroeste. Riendo, contando y a la vez creyendo en la vida ultraterrena: la que las palabras hermosas y los buenos libros instauran.