Folgueral, el único digno y consecuente tras la moción de censura de Ponferrada
El alcance mediático de la polémica moción de censura de Ponferrada y el conocimiento del desarrollo de los hechos previos abren nuevos horizontes para el análisis y la reflexión, transcurridas unas cuentas horas del acceso a la Alcaldía del socialista Samuel Folgueral con el apoyo de los independientes liderados por Ismael Álvarez, que ayer hizo efectiva su dimisión como concejal, tal y como se había comprometido públicamente.
Era una de las condiciones que había impuesto el PSOE y el primero de los errores que ha ido encadenando desde que hace casi dos semanas la dirección nacional conoció, como demuestra hoy este periódico, la posibilidad de que el partido accediera al gobierno municipal. Conoció y dio el visto bueno en una espiral ascendente desde la ejecutiva provincial a la nacional. Rubalcaba lo sabía, lo sabían todos. De manera que la tentativa de situarse ajenos al conocimiento y consentimiento de los hechos revela una actitud patética, bochornosa y cobarde.
Los vanos intentos de rectificación exigiendo la dimisión del alcalde unas cuantas horas después de acceder al cargo y de nuevo ayer y desde distintas instancias, ya a la vista de las reacciones políticas fuera y sobre todo dentro del partido, descubren profundas diferencias de criterio en el PSOE y hacen intuir que en Ferraz hay una guerra abierta que ha querido dirimirse en Ponferrada. Y sobre todo pone al descubierto la deslealtad de los dirigentes nacionales y regionales con un compañero y un candidato que ha corrido mucho riesgo en su intento de recuperar para el partido una Alcaldía en la que mantuvo un dominio histórico.
Samuel Folgueral fue elegido alcalde en el marco de la legalidad democrática y con todos los beneplácitos. Pasada la moción de censura y con esa nueva perspectiva que abre el tiempo en realidad ha sido el único protagonista de este polémico episodio digno y consecuente con sus hechos y sus actitudes. Y es encomiable que se mantenga en ello pese a la tempestad de presiones desatada desde las ejecutivas federal y autonómica. Rubalcaba reconoció ayer su error, pero paradójicamente descarga sobre Folgueral las consecuencias. Y las amenazas —«o deja la alcaldía o deja el PSOE»— de actuar disciplinariamente y situarlo al margen del partido.
No está en la mejor posición para blandir la espada. Sobre todo respecto al asunto que nos ocupa, porque si en consecuencia con los hechos hay que pedir dimisiones quizá haya que empezar por la suya, por la de Óscar López o por la de ambos. En un caso por conocer y simular que ignoraba las condiciones de la moción y en el otro por canalizarla.
No está el PSOE en situación de mantenerse permanentemente en el centro de la polémica política. Ni los resultados, ni las encuestas, ni la percepción de la calle lo sitúan en el mejor lugar en un momento en el que los ciudadanos se sienten decepcionados, abandonados y cada día más alejados de la clase política.