León

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Javier Chamorro deja la política. Dice que se va, que no se siente con fuerzas para seguir y que a partir de ahora se dedicará a su profesión de abogado. ¡Tanto nadar para acabar muerto en la orilla! No lo digo por él, lo digo por el partido, aunque ésta era una barca en la que todos remaban hacia el mismo lado, el propio. Espero que esta ceremonia de adioses baje el telón para siempre, no lo digo por él, lo digo por el partido. Una no entiende por qué la gente tiene tanta buena voluntad y, sobre todo, cómo pueden pensar que a los demás les sobra. Me cuesta reconocer que alguien normal pondere que un partido nacido de la pataleta de uno que se cayó del caballo cuando pasaba por aquí, pero sin dejar la recaudación, que eso sí que no, y luego va y deja en la silla a otro que va de mesías envolviéndose en banderas purpuradas, pueda tener un futuro prometedor.

Y no me malinterpreten, que aquí nunca ha habido leonesismo, sino leonesadas, y así nos va... Siempre hemos pactado con el enemigo, poniéndonos los primeros en la diana de la traición. La lista es larga y comienza con el edicto de Augusto, ese bronce que pone negro sobre blanco que aquí ya nos vendíamos hace dos mil años, que lo de la defensa de lo propio no pasa del prao particular y que cualquiera de nosotros está dispuesto a arrodillarse delante de —quien dice Roma dice Valladolid— a cambio de un cargo para el hermano o, como en este caso, de inmunitas , inmunidad, que es lo que tienen los políticos leoneses desde siempre. Qué más da que usen el lenguaje de manera torticera para no mentir sin decir la verdad, que sí, que no fue Fomento el que financió Villanubla, que fue Turismo, pero aquí seguiremos votando al que promete igualdad con una sonrisa... mientras desmantela infraestructuras haciendo comunidad...

Hace bien Javier en hacer mutis, ahora que todo está a punto de irse a pique. En el próximo congreso, la UPL debería imitar a las Cortes franquistas y hacerse el harakiri, autoinmolarse, acabar con el engendro, o devolvérselo a su creador ahora que su asiento vuelve a estar en tierra de nadie. Decía Samuel Johnson que el patriotismo es el reducto de los granujas, pues imagínense si el cuento comienza con un paracaidista que un día decidió hacer corral a costa de la patria marital. Y es que el as en la manga de los malos es la candidez de la mayoría...

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