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JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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La crisis de Chipre ha dejado un aviso para navegantes, que no podemos echar en saco roto. No sólo los bancos y sus accionistas, también los depositantes terminarán pagando los futuros rescates, casi siempre por culpa de malos gestores. No salimos de un problema y ya se anuncia otro en Eslovenia, que al parecer acumula 7.000 millones de activos tóxicos, con las consecuencias negativas para el conjunto de la zona euro: subirá la prima de riesgo, tendremos dificultades para financiarnos, tardaremos más en salir de la crisis. Por ahora en Chipre, pagarán los que tengan más de cien mil euros, pero con el tiempo quizá todos los depósitos, incluidos los más pequeños, pagaremos los desmanes de la especulación bancaria, como si el ahorro fuera el culpable de la crisis o los ahorradores delincuentes a los que se debe castigar por no gastar su dinero y tenerlo en bancos para financiar la economía real del país.

Aquí, por ahora, no hemos tenido un corralito, ni el rescate bancario ha gravado los depósitos; además la mayoría tampoco tenemos ahorros significativos, así que quizá no vaya con nosotros, pensará más de uno. También pensaban eso los que invirtieron en las preferentes, que por lo que se ve son gente del común, trabajadores y pensionistas, a los que ahora quieren convertir en accionistas forzosos de cajas o bancos insolventes, además de ver como se llevan el 40 ó el 50 por ciento de su valor, si es que al final se les devuelve algo. Tales personas no eran especuladores, eran sencillamente ahorradores que buscaban la mejor rentabilidad para su dinero, pensando en su jubilación o en sus hijos; pero de la noche a la mañana, por obra de supuestos expertos en ingeniería financiera, sin una información veraz a sus clientes, los han metido en un callejón sin salida.

Tampoco deberíamos preocuparnos por lo que está ocurriendo en Caja España—Duero (ahora llamada Ceiss). Si acaso que lo hagan los que todavía tienen algunos ahorrillos o cobran sus sueldos y pensiones. El pasado año perdió 2.500 millones de euros, su negocio amenaza ruina (los depósitos disminuyeron en 4.800 millones) y peligran cientos de puestos de trabajo. Quizá por eso, para evadir responsabilidades, como un goteo continuo, se han ido marchando sus consejeros (sindicalistas, empresarios, políticos), la última Isabel Carrasco. Le echan las culpas a Evaristo del Campo, su máximo responsable, que seguro que la tiene; pero ellos pretenden salir de rositas de una crisis que, en buena parte, han provocado. Creo que en los tres niveles descritos —europeo, nacional y regional—, la connivencia de gestores y políticos tienen responsabilidad directa en lo que está pasando, que se resume en especulación y corrupción compartida. Luego se extrañan de las protestas ciudadanas.

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