Diario de León
Publicado por
FELIPE RAMOS
León

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Si rectificar es de sabios, Herrera ha demostrado su sabiduría al rectificar el grave error de su consejero de Educación, el ‘matao’ de Mateos, que pretendía obligar a niños de 12 años a recorrer 140 kilómetros por carreteras de montaña para ir a clase. Claro que algo falla en el Gobierno de Herrera cuando su máximo responsable en materia educativa no sólo no se daba cuenta, está por ver si aún lo ha hecho, de su grave error, sino que persistía en su despropósito.

Herrera ha rectificado a su consejero y de qué manera, pero lo que no ha explicado es el porqué. Se supone que la política educativa, como la sanitaria, es fruto de una gestión pensada y consensuada en la que priman otras cuestiones por encima del puro pragmatismo económico. ¿Qué ha cambiado de la semana pasada a ésta para ese giro tan radical? ¿Por qué se da marcha atrás a una decisión que ya estaba tomada? Y, sobre todo, ¿por qué cuatro años de moratoria? Unos interrogantes que no son más que una demostración de la improvisación que existe en materia educativa.

Y una pregunta más: ¿Habría Herrera enmendado la plana al ‘matao’ de su consejero sin la presión social? Seguramente no y el error habría sido el mismo. Herrera ha desautorizado a su consejero, con toda la razón del mundo, pero lo que ahora le toca, dado que éste no va a dimitir, es cesarlo porque está claro que ha perdido su confianza en él. Y con él se tiene que ir todo un ejército de incapaces, sobre todo los de aquí con la directora provincial a la cabeza, que no sólo no trataron de enmendar a su jefe, sino que le alabaron y aplaudieron en sus decisiones.

Aunque para aplausos los que se dan los del PSOE cada vez que se reúnen para decirse lo altos, lo guapos y lo majos que son. Ellos aplauden, callan y miran para otro lado incluso cuando los ocho ponferradinos votan como socialistas pese a que ya no lo son.

Y eso, aplaudirse y alabarse, es lo que harán mañana los que mandan en el PSOE en el plenario de la ejecutiva provincial que, una vez más, se llevan lejos de la capital; será para que no les vean o para que vayan los menos posibles.

En el último, aquel que tuvo lugar en San Emiliano, la tierra del gran líder, se cargaron a Matías Llorente, porque ellos lo valían. Ahora se van a Villameca. Desde luego, empantanados sí que están. Y lo que les queda...

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