AL TRASLUZ
Espina de desamor
Todos necesitamos un mimo, y hay días que hasta dos. Desde aquí le mandamos un puñado de ellos a Javier Chamorro, quien ha declarado en la tertulia El Filandón: «No me he sentido querido ni fuera del partido, ni a veces dentro». Ante tal afirmación, el titular estaba cantado. Si no le empiezan a llegar cajas de bombones y ramos de flores con sus respectivas tarjetas cariñosas es que a esta provincia se le ha oxidado el corazón. No soy leonesista, al menos no en el mismo sentido que él, pero estoy dispuesto a organizarle un escrache bueno, para gritarle aciertos. Por ejemplo: ha aportado a la UPL buenos modales políticos, que le faltaban, aunque haya entre los propios quien considere que con ello ha domesticado en exceso el partido, y le piden más rugidos. Pero no puede darlos, no están en su naturaleza. La tristeza que revelan sus palabras puede deberse a que ya no se sienta plenamente identificado con etiqueta alguna, y es que estas sirven para dar denominación de origen a los pimientos o a los espárragos, pero resultan demasiado restrictivas para aplicarse a las convicciones. El fanático no evoluciona y a esta limitación suya lo llama coherencia.
Todos necesitamos no sólo que nos quieran sino que además nos lo demuestren. En Astorga hay un cedro, plantado en 1790, al que se le quiere por partida doble. Forma parte de los patios de sendos centros hoteleros: el Ciudad de Astorga y la Posada Casa de Tepa. Sus propietarios se encargan de que sea podada la parte que les corresponde, algo así como la patilla izquierda para ti y la derecha para mí. Aquí no hay muro de Berlín, ni Capuletos contra Montescos. Dichoso el árbol con dos patrias, que no sean meras divisiones administrativas sino alma que se bifurca. Pero otros muy diferentes son los jardines de la política.
Chamorro matizó después: «Hay un amplio grupo de gente dentro de la UPL que sí me quiere». Pero la espina del desamor no se extrae con una cena homenaje y una placa de recuerdo. La ingratitud es zarpazo. Si su partido hubiese ganado las elecciones municipales ahora él tendría un club de fans. Y dos si hubieran vuelto a ser llave para la gobernabilidad. Qué bien hizo el cedro de Astorga en no dedicarse a la política…