LEÓN EN VERSO
Alcalde presidente
Lo cuenta con un gracejo propio de club de la comedia un alto cargo del PP de León: el tipo que más se parece en la política local a Rajoy es el alcalde de Valverde; nadie le votó, pero le sobran alineaciones de concejales para ejercer la mayoría.
Aunque en su partido, puestos a comparar, le podrían hacer una foto que encajara en el marco de Vidal Cuadras, que estuvo en todas las quinielas de tierra prometida del poder antes de acabar consumido como tertuliano de cabecera de los rebotados de la esencia del españolismo de extrarradio. Ni uno llegará a ministro ni este a diputado. El alcalde de Valverde se pudo cansar de pedir el referéndum para León y se aburrió de exhibir entre compañeros entrañables el acta de regidor más lustrosa de cuantas se juntaban en las asambleas orgánicas de aquella legendaria UPL antes de decidirse a pasar el semáforo rojo que guarda la esencia del leonesismo: con quien gobierna la Junta, ni a coger duros.
Algo debió de ver el regidor ante la propuesta de Carrasco de saltarse el vado, que en el 2007 corrió a la imprenta para que en los carteles de acceso a la alcaldía le cambiaran el fondo magenta por el azul. Y hasta hoy.
En vista de que el cinturón urbano del alfoz no tenía impulso para cruzar la raya de Trobajo, el edil, fortalecido en la carrera de promisión hacia el Palacio de los Guzmanes, tomó los cuadernos que Miguel Martínez se había agenciado en San Andrés para apuntalar su presencia en la calle. Armó un equipo de fútbol en regional y lo puso en la estela del Albacete de Benito Floro; en tres años saltó tres categorías. Y mientras oxigenaba la escalada, camino de la Segunda B, el presidente recordó que era el alcalde y que podía recordarle al árbitro que tenía aparcado el coche en línea amarilla. Es la ventaja de los callos en los pies de tanto andar en la política; una cosa es presentarse como si se fuera el alcalde de Marinaleda y otra el concepto del municipalismo que patentó Gil y Gil.
El problema son los gastos. En la última página de los apuntes de la estrategia que empleó el miguelismo tardío para untarse del populismo que da el fútbol viene la factura del Huracán. A Fernández le buscan los parados del municipio para recordarle que para resarcirse de que Carrasco prefiriera a Martínez Barazón de vicepresidente no tiene por qué ir a abrir una agencia de colocación en Extremadura, por ejemplo.