TRIBUNA
Planificar y gestionar la ciudad en crisis
Desde una mirada que atienda a la dimensión espacial de la ciudad, los procesos de cambio y los problemas derivados de su gestión, me interesa resaltar la oportunidad de aprovechar el periodo actual de crisis económica para revisar los documentos y criterios urbanísticos vigentes en el caso de las dos ciudades leonesas de mayor población y correspondientes áreas urbanas de León y Ponferrada, cuyos Planes Generales de Ordenación Urbana fueron aprobados respectivamente en 2004 y 2007, por tanto, elaborados en plena dinámica expansiva y con unos objetivos de crecimiento del suelo urbano y urbanizable que unos años después se pueden dar por superados, al igual que en otras ciudades de nuestro entorno.
¿Por qué revisar de nuevo el plan general de ambas ciudades? Por varios motivos. Ha habido cambios en la normativa de la Ley del suelo, ha pasado algún tiempo de su entrada en vigor, más en el caso de León y menos en Ponferrada, pero sobre todo ha cambiado radicalmente el contexto económico y social (ahora definido por el declive de los indicadores) de ambas ciudades y mientras tanto se manejan documentos normativos urbanísticos desajustados e invalidados por la realidad del nuevo ciclo en la fase de crisis prolongada. A la vez, no hay otro tipo de planes (territoriales o estratégicos) para estas ciudades y sus alfoces, lo que resulta ser una carencia importante a suplir también. Aun así, es conveniente recordar la complementariedad de los tres tipos de planes (Plan General de Ordenación Urbana, Directrices territoriales del área urbana, Plan estratégico) y entenderlos como una instrumentación al servicio de la gestión de la ciudad y su territorio.
En efecto, si adecuar el planeamiento a la nueva normativa general y específica era razón de peso en años anteriores (y lo sigue siendo), más aun es adaptarlo a la nueva realidad socioeconómica urbana, revisando con la participación pública, en primer término, el modelo de ciudad y reorientando, en segundo término, las disfunciones detectadas al paso de los cambios acaecidos en el último quinquenio.
El modelo de ciudad es cambiante por definición y se debe basar en un proyecto urbano a partir de la elaboración del diagnóstico socioeconómico y territorial, sus tendencias alternativas y el programa ajustado de actuación, atendiendo a los principios de sostenibilidad, de cohesión social y articulación territorial y de calidad de vida y movilidad de los ciudadanos, en su diversidad de estatus, de residentes sobre todo en cuanto a diferencias de género, de cultura, de rentas, de edades.
La adaptación del Plan general en la situación actual pasa, evidentemente, por la reducción del suelo calificado de urbano y urbanizable en los años de la burbuja inmobiliaria, por una regulación menos pormenorizada, por la valorización de los vacíos y de los usos de dotaciones así como por la reurbanización atendiendo a criterios de habitabilidad.
Es el tiempo, por tanto, de proyectar de nuevo la ciudad, revisar y adaptar el planeamiento, aprovechando precisamente el periodo de crisis y de debilidad del sector de la construcción, superando la incertidumbre o el aplazamiento de las decisiones «para tiempos mejores». Es el tiempo de gestionar la ciudad con una visión a medio y largo plazo. Es el tiempo, también, de debatir y redactar nuevos documentos y normativas desde los propios equipos técnicos municipales en colaboración con los grupos de discusión de los partidos políticos, asociaciones ciudadanas, entidades sindicales, empresariales y profesionales. Es por ello que hago esta llamada al debate en esta cuestión y sobre todo a la acción por parte de los gestores de ambas ciudades y los partidos y grupos que les sostienen, remitida desde la «visión de un geógrafo», residente en León, al que avalan años de participación continuada en el estudio y la investigación académica, en el debate participativo, así como también, en un tiempo anterior, en la gestión política local.