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ERNESTO ESCAPA
León

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Con los pinares que lo circundan crecidos, después de sesenta años desde las primeras repoblaciones, Camposagrado ha perdido aquel desolado aspecto de páramo ocre y estéril que espantó a los viajeros ilustrados y a los filántropos decimonónicos de camino hacia Laciana. Pero lo que no han conseguido apagar ni el adorno de los pinos ni el alboroto del mezquino casulario repartido a un lado y otro de la carretera que discurre junto al cordel de las merinas, es su reverberación de lugar marcado por el misterio.

Además del pinar, el elemento que da personalidad a este espacio es el santuario mariano vinculado por la tradición a los primeros tiempos de la Reconquista. Aunque el templo es una construcción del dieciséis muy modificada, conserva una imagen románica de la Virgen que fue utilizada durante siglos como tope de una puerta. El santuario marca el límite entre los municipios de Carrocera y Rioseco de Tapia, circunstancia que dio pie a lo largo de los siglos a enconados litigios sobre a quién correspondía presidir la procesión o portar el pendón. También participa en su administración Cuadros. A pesar de tan repartida feligresía, el pueblo más vinculado al santuario y a sus tradiciones sigue siendo Benllera. Una cofradía centenaria regula el calendario de rogativas y romerías.

La historia tradicional sitúa en Camposagrado un episodio de la Reconquista, en el que participa el astuto capitán Colinas, autor de la estratagema de los 13 pozos que llevan su nombre. Los pozos se encuentran a la izquierda y a cien metros de la carretera, entre los kilómetros 23 y 24, en dirección a la montaña. Según la tradición, fueron excavados en una noche por los soldados cristianos para esconderse en ellos y preparar una envolvente fatal a las distraídas tropas musulmanas. Como pago a tan eficaz ingenio, el capitán Colinas recibió el señorío de un valle cercano bautizado en recuerdo de la proeza. Tusinos es el nombre del paraje, situado en Cuevas de Viñayo, que resume la felicitación de Pelayo: «Tú sin nos los has vencido, y este será tu apellido».

En cambio, los arqueólogos interpretan los 13 pozos como túmulos funerarios saqueados de la Edad de Hierro. Ahora la administración se obliga a la protección de su entorno. Para que no se repita el destrozo ocurrido hace tres décadas con las construcciones megalíticas del kilómetro 22, arrasadas por las brigadas forestales. Los pedazos de aquellos gigantescos menhires fueron llevados al Portillo de León para servir de peana al Quijote meditabundo de Víctor de los Ríos. Luego el pensador bajó al campus de Vegazana, aunque ya nadie acierta a calibrar si los pedruscos que lo sostienen siguen siendo los mismos o quedaron sepultos bajo la sede operativa de Caja España.

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