EL BAILE DEL AHORCADO
La huella del tren
Están todos fuera de sí después de que la madre superiora haya amenazado con volver. Esto de amagar demuestra la falta de voluntad, porque si quieres regresar, no avisas. Dicho lo cual, creo que Aznar es al PP lo que el tren a León, el rastro de lo que pudo ser, la memoria desvencijada de una promesa, la batalla de un futuro perdido. Los trenes no dejan huella, y parece que en León menos que en ningún sitio: «Las ciudades se acaban con el tiempo, con el paso de los hombres, con la agresión de los vientos garduños». Me gustaría saber qué habría escrito Crémer, ahora que sabemos que ya ni siquiera tendremos el ferrocarril para alejarnos de Maqueda, que sólo nos dejarán el coche de San Fernando, y habremos de cargar con el petate a cuestas, sin hacer ruido, no sea que nos lo confisquen.
Estamos a punto de doblar la esquina de la historia, la que nos devuelve al siglo XVIII. En el XIX llegó el tren, y un siglo después, Lazúrtegui con su sueño para el Bierzo, y estaban los Azcárate y Sierra Pambley, convirtiendo León en la sede de la Ilustración liberal, pero cada uno tiene lo que se merece, y a Marcelo Jorissen le sucedió don Vitorino , y a políticos como José Eguiagaray le continuaron otros apellidados Díez o Turiel, y el bien común y el honor quedaron en el olvido y su lugar lo ocuparon el trinque, el disimulo y el abuso del ciudadano para el medre.
Sale el consejero Silván diciendo que pondrá transporte a la demanda, cambiando caridad por justicia y convirtiendo un derecho en una regalía política. Eso es lo que se llama elegancia y altura de miras, aunque yo prefiero calificarlo de caradura. Cuando el gobierno obliga a elegir entre proteger un servicio esencial o cerrarlo, lo que está haciendo es acabar con la democracia y ningún ciudadano debe permitir la usurpación. Garantizar la igualdad de oportunidades de un leonés, un burgalés o un soriano no es poner un teléfono para la esperanza, sino garantizar su status de ciudadano y no sólo de contribuyente. Porque, de lo contrario, habría que preguntarse para qué sirve todo este complejo burocrático basado en la multiplicación de administraciones y, ergo , de enchufados. Vamos, que cualquiera se da cuenta de que es bastante más necesaria la conexión entre León y Ponferrada que la recua de paniaguados cuyos salarios se detraen de sanidad, educación o dependencia. Se me olvidaba que los caciques tienen que garantizarse una alforja de votantes, y en León cada vez somos menos.