Diario de León
Luis Urdiales
León

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En un lugar en el que se recibe con estampitas de Martín Muñoz y polis con la libreta en una mano y la estaca en la otra, se aconseja apostar por el aluvión de apoyos políticos que empujarán a los biciclistas a llevar casco; un casco es un artefacto de blindaje, una tabla en caso de accidente, un seguro de vida sobre la cabeza que va sobre los hombros del que pedalea. Un casco en León será una oportunidad de recaudación exponencial, como los coches con factura de la ORA por la calle Independencia en Semana Santa, como la grúa de madrugada en la víspera de las carrerinas dominicales de López Benito.

Se alumbra el nacimiento de una polémica de calado social, otro póntelo con anuncio y lema, como aquellos profilácticos que regalaba Ricardo cuando se hizo acreedor al mote de Condones; póntelo, el casco, presiona la DGT, que pone velas por nuestra vida y guardias y multas por las carreteras, y ahora va a cocinar las relaciones contractuales entre peatones, bicicletas y coches en hora punta en el centro de la urbe. En León le toca decidir a Martín Granizo, que tiene en las carpetas que repartió el PP después de cansarse de contar votos hace dos años toda la responsabilidad sobre el plan de movilidad urbana sostenible ... en el país de las maravillas, continúa el enunciado de disposición tan intangible, verso de chufla en medio de tanto desempleo y horizonte romo que enmarrona cualquier esquina dulce que pudiera brotar por la calle.

A Granizo le preguntó un periodista del Diario hace una semana por el casco. Se cubrió de hoja la concejala, a la espera de lo que determinara la masa, dijo. Está de más recordar ahora cómo respondió la reticencia a cada vuelta de tuerca que aplicó el Gobierno a asuntos de seguridad: que el cinturón reventaba el bazo cuando se hizo obligatorio; que nadie iba a volver a un bar después de que bajara el nivel para los mamados al volante; que no se venderían más motos si se había de cubrir la cabeza. Mientras se filtra la normativa la degeté debería inducir cuarentenas para urbes selvícolas. Uno cruza cuatro calles y no deja de preguntarse quién demonios distinguió a León con premios de movilidad en Europa. Quién estaba en el jurado de guardia para puntuar un carril bici sin reparar que lo sustenta un laberinto de borrones y brochazos de mil kilos de pintura. Depurado esto, ya pueden multar con ley por no llevar casco en la bici.

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