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JESÚS A. COUREL
León

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Al maestro don Matías Rodríguez no le salían las cuentas cuando pensó en dar a la imprenta su Historia de Astorga y decidió promover una suscripción popular, antes de lanzarse a la aventura editorial. La primera edición, publicada en 1873, fue un éxito y tanto en ésta como en la segunda de 1909 figuran, al final del libro, una larga lista de suscriptores. El Sr. obispo de la diócesis, Paulino A. Fernández de Arellano, fue el que encargó mayor número de libros, con un total de 6; mientras que por el resto de la ciudad solicitaron ejemplares unos 170 astorganos, en cuyo listado encontramos los apellidos Panero, Seco, Luengo, Sierra, Goy, Alonso, Carro, Prieto, Gullón, Botas, etc., que traen a la memoria el elenco de personalidades que ha dado esta noble y bimilenaria ciudad. De otras poblaciones suscribieron la obra en cuestión 112 personas, incluyendo uno de Guimarâes. El que más ejemplares reservó fue, desde Montevideo, Matías Alonso Criado con 25 libros, al que siguieron con 4 Marcelo Macías y con 3 el obispo de Jaca, Antolín López Peláez.

Para la edición facsimil de 1981, el sistema de publicación fue el mismo: suscripción popular. Con casi 600 abonados, entre entidades y suscriptores, se llevó a cabo la nueva edición de esta excepcional Historia. En el prólogo, el cronista de la ciudad —Luis Alonso Luengo—, relata emocionado como encontró, en la lista de suscriptores de la primera edición, a sus bisabuelos y, en la segunda, a su padre y abuelo, lo que refleja, según sus palabras, «como respondía, y se manifestaba sensible al temblor de la cultura, el mundo astorgano de nuestros mayores». En todas estas ediciones figuran como suscriptores gentes de distintas tendencias políticas y de todas las condiciones sociales, lo que revela asimismo que los astorganos están unidos bajo el signo de su cultura, en una «comunidad de sentires» que es la esencia de su espíritu, como señalaba con acierto Alonso Luengo.

En la edición de 1909 se incluye un breve apunte sobre la dilatada construcción del palacio episcopal, del que ahora se cumplen cien años de su terminación. Nos cuenta que un incendio redujo a cenizas el anterior edificio y que el obispo Juan Bautista Grau i Vallespinós, encargó a su amigo y paisano Antonio Gaudí la construcción del nuevo palacio que, en la actualidad, es uno de los monumentos más visitados de la provincia. Con motivo del centenario amplia su espacio expositivo con el proyecto titulado El palacio escondido , una buena excusa para descubrir la historia de esta sugestiva ciudad que un día nos contó, por suscripción popular, aquel entrañable maestro... Había que hacer algo.

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