AL TRASLUZ
Y otro más
Hace unos meses un gripazo me obligó a quedarme en casa varios días y aproveché para ver de nuevo las viejas películas de Capra, aquel juglar del vitalismo activo frente a la adversidad. Me encontré en ellas muchos de los problemas que hoy estamos padeciendo: los abusos del capitalismo salvaje, la dejación de los periódicos en su deber de denunciarlos, la ambición política por encima de los intereses ciudadanos… pero también la importancia de la conciencia individual y de la unión frente a los infortunios. Dice un personaje en Juan Nadie (1941), en plena Depresión: «Bastaría para salir de la crisis con que cada uno de nosotros ayudase a su vecino». Ayudar es mucho más que un infinitivo, manifiesta la negativa a asumir que los problemas carezcan de remedio. La crisis actual es un examen a nuestra capacidad de reacción y de compromiso. En estos días, la solidaria iniciativa llamada «Cafés pendientes» ha llegado a León, tras su éxito en Europa y en Estados Unidos. Consiste en dejar pagado un café, en un bar identificado como colaborador, a quien no pueda pagárselo. El Baraka es el primer local que ha respaldado esta acción solidaria. Hay bares que la han rechazado porque creen que a sus clientes no les gustaría tener al lado a un indigente; están en su derecho de creerlo así, pero casos de comportamientos incívicos aparte, ahora hay pobres que usan corbata y tienen dos carreras. El escalafón de las apariencias externas ha quedado trastocado. Y ese café gratuito, que llega desde una solidaridad anónima, aporta mucho más de lo que cuesta.
El corazón ni siquiera necesita una servilleta de papel para escribir una epopeya. La condición humana es la que es y un café gratuito no soluciona nada, sentenciará el escéptico. Pero sí soluciona un problema puntual a quien no puede pagárselo, cuando tener o no tener es el dilema. Y además le llega con fraternal proclamación: no estás solo.
Ya sabes, lector, si vas al Baraka, o a cualquier otro local que se haya sumado a la iniciativa, emula a los solidarios personajes de Capra, cuyas películas tanto gustaban a nuestros mayores, ahora —en medio de estos tiempos tan duros— podrás percibir mejor el porqué. Recuérdalo: tu café… y otro más.