CRÓNICAS DE ACULLÁ
Cláusulas duelo
Hablamos con asco del engaño de las participaciones preferentes que presionados o desalmados ejecutivos bancarios endosaron durante años a miles de ahorradores que no tenían ni repajolera idea de lo que contrataban y que simplemente babeaban bajo la perspectiva de engrosar sus cuentas con una rentabilidad del siete por ciento frente al tres y pico que les ofrecían sus depósitos convencionales. Fueron engañados sí. Pero la banca y las cajas al menos disponían de otros productos entre los que sus clientes podrían haber elegido si la prudencia hubiera vencido a la natural codicia humana, un adictivo tan potente como mortal si se mezcla con amplias dosis de ignorancia. La estafa de las preferentes, pese a todo, goza estos días incomprensiblemente de mucha peor prensa que la de las cláusulas suelo que, sin casi otra opción, nos hicieron rubricar —como quien te apunta con un revólver en la sien con todo el tambor cargado de balas— a los ciudadanos que acudimos ineludiblemente a una hipoteca para adquirir nuestra vivienda habitual.
Se calcula que por encima de los 50.000 leoneses —tal vez diez veces más que los preferentistas perjudicados en la provincia— llevan sucumbiendo desde hace años al chantaje que firmaron de este género de cláusulas con cara de perro mientras los telediarios de la crisis abrían cada almuerzo con la mentira del desplome del euríbor, cuestión realmente intrascendente para la rebaja efectiva de sus recibos mensuales.
El auto del Supremo sobre las cláusulas suelo-duelo ha sido asumido de manera rauda por algunas entidades de primera fila del sector bancario y los expertos creen que las más reticentes terminarán sumándose a la ola de la eliminación del tope abusivo que existe en nuestras hipotecas para impedir que se traslade a la amortización la reducción de los índices a los que se referencian. Los bancos que no atiendan a esta sentencia deberían ser sin embargo castigados por sus propios clientes-víctimas, que seguramente tendrán ligadas sus hipotecas a nóminas o dispondrán de algún tipo de fondos, seguros o cuentas de las que puedan despojarles. Porque quién más quien menos tiene por delante un cuarto de vida para saldar su hipoteca, y frente a lo que eso representará económicamente en general, lo de las preferentes no deja de resultar un gravísimo problema particular.