CORNADA DE LOBO
Triquitracatrá
Tiene mañana la Cultu otra cita con su proceloso destino afrontando un duelo decisivo por el ascenso como en otros junios épicos de agridulce recordación... alguno fue dichoso... ¿recuerdas aquel de hace unos treinta años frente al Athletic de Bilbao B que le llevó a Segunda división, esa que es el desideratum interruptus y el techo natural de la futbolería leonesa?...
Caramba, ¡en Segunda!...
Y ya van quedando menos de los que vieron jugar un año en Primera a aquel equipo blancolor (ahora las camisetas en el fútbol parecen vallas publicitarias y su color original hay que suponerlo), equipo que representaba a la capital leonesa con permiso del Júpiter Leonés , que también tenía voz y pie en estos campos, aunque fuera tercerón en vagón de regional... y arrimándose al cuarterón de la escasa gloria del balompié cazurro, el Huracán Z de Trobajo, ahí lo tienes, ¿le pondrían en 1954 ese nombre y esa zeta como ensayando una profecía de lo que vendría después con Zapatero, aunque vistiendo con el color azulón popular?...
¡Aúpa Cultu, triquitracatrá!... ¡tra!, replica el coro... era el grito de guerra con el que jaleaba Duviz, el aficionado más entusiasta que ha tenido en toda su historia la Cultural y Deportiva Leonesa (y no era de León, sino de La Bañeza, que también tenía su equipillo). Duviz era también un huracán de entusiasmo y se pasaba todo el encuentro recorriendo el campo para agitar ante el desánimo a unas gradas siempre más acazurradas que festivas. Era un ejemplo de lo que es pasión por unos colores, porque se pasaba el buen hombre mirando más al público que al campo y se perdía la mitad de las jugadas.
Duviz era un tipo irrepetible. Desde luego, su molde lo rompieron porque ya nunca más volvió una figura a representar a esta afición que mañana tiene el compromiso de acudir en masa y atronar empujando a este equipo a los honores que el destino tacañea.
Le he dicho a Luisín Cembranos que mañana bajarán al campo desde la gloria o la altura en la que anden, dos almas con vendaval, la de Duviz y la de Crémer, que también dejó muchísimo escrito de los avatares de la Cultu .