Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Toda palabra es sólo un mapa, un dibujo... la realidad, el terreno que describe, es otra cosa.

Pero hay palabras cuyo dibujo es más preciso que otras. Son las que eligen el sincero y el valiente para expresarse con mejor claridad... a los demás siempre nos sobrarán en el diccionario palabras ambiguas o cobardes si queremos marear perdices o liar madejas.

Un ejemplo: llamar en portugués crime hediondo a la corrupçäo es afinar tanto el concepto, que sobran adjetivos. Corromper o corromperse es un crimen y, además, hediondo. Punto.

Así lo definió el Senado de Brasil que el miércoles, mientras el país se amorraba a la tele con el partido de su selección contra Uruguay, aprobó una ley a la puta carrera (dos años llevaba en el cajón el proyecto) estableciendo nuevos rangos penales contra la corrupción , la palabra que más suena en las agitadas manifestaciones y revueltas de las ciudades brasileñas.

La presión popular es la que metió guindillas en el culo de sus señorías.

La cosa está que arde.

Y la calle ganará otras batallas.

Eso dicen los observadores.

Al dar la noticia los medios españoles, tradujeron crime hediondo por crimen atroz ... ¿?... suena teatral, a cosa cruel, enorme, horrible; incluso hay traductores que dicen vil, terrible, odioso... ¿a qué tanto adjetivo, si hediondo se escribe igual en portugués y español significando a la vez lo mismo: fétido, pestilente? (hedor es el olor fuermente desagradable y penetrante de materias orgánicas en descomposición que provoca repugnancia o vómito)... y el hedor de mierda es tan repelente, que sólo pide o limpiarla en el acto o a alejarse de ella, no hay más... ahora bien, llamando a la corrupción crimen hediondo , ¿se logrará que la gente ponga distancia o le repugne exigiendo limpiarla en los cien casos que vemos al día en las noticias o en nuestro propio entorno?... pues no... la corrupción nos huele mal si es de los otros y de bulto, pero la corrupçäo que cada cual alcance por su mano nos huele a chanel... es decir, llevamos demasiados siglos en este mondongo como para vernir ahora con asquitos... a nadie le huelen horribles sus propios pedos.

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