Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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La hospitalidad que merece todo huésped, «por ruín que fuere», según las normas de aquella asignatura llamada Urbanidad, hoy en desuso, no rigen para Snowden. Como a la falsa moneda, nadie quiere quedarse con el excontratista de la Agencia de Seguridad Nacional, la NSA para los íntimos, responsable de la revelación del espionaje masivo de Estados Unidos.

Francia, Italia y Portugal han obligado a aterrizar al avión presidencial de Evo Morales por si transportaba al más sospechosos de los bultos, que podía ser míster Edward. El resultado ha sido que se indigne toda Iberoamérica y se cabreen las ínclitas razas paupérrimas, en su mayoría sangre de Hispania pecunda. Quien manda, manda, y la presión estadounidense no la aguanta ninguna olla europea.

Curiosamente en este rincón del Imperio nadie está nervioso. Parece que nada nos importa de lo que esté pasando en el mundo. Al golpe de Estado en Egipto, derogando la Constitución y destituyendo al presidente islamista Mursi, le damos menos importancia que al golpe de estadio que ha dado el Madrid fichando y quitándoselo a Málaga a Isco.

Estamos en lo de siempre: un niño atropellado en nuestra calle nos afecta emocionalmente más que la noticia de la inundación en Pakistán, donde han muerto miles de personas. No hay tsunami que nos salpique a distancia. Además, estamos atareados y ocupados con el asunto de los ERE, que sigue dando mucho juego, pero no es ninguna broma.

¿Cómo sería este país con menos golfos por metro cuadrado? Esa es la pregunta que se hacen todos los días los ciudadanos decentes. El paro ha caído en 126.000 personas, o sea, en medio millón de bocas, y el resurrecto Aznar le reclama a Rajoy que rebaje 12 puntos el tipo máximo del IRPF.

La verdad es que ya estamos hartos de tanta austeridad casi todos. Solo los que la predican no se hartan de hablar bien de ella. En su opinión, es también un viaje interminable que además de llevarnos a la felicidad nos hace guardar la línea.

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