León

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Bravo por esos que gestionan la sanidad pública y han logrado al fin que no nos duela nada, cuando el dolor fue de siempre la quintaesencia de León. Bravo por la salida, que supera con creces los mejores episodios del diccionario eufemismo-español, español-eufemismo con el que se explican los trenes cargados de impuestos tras los consejos de ministros.

Llegó el calor y quedaron desiertos los hospitales, los centros de salud, y el consultorio; faltan médicos y sobra personal en las oficinas de la planta noble en torno a Sáenz Aguado en Valladolid, dotada de sueldos indecentes para un ejército de colaboradores, gabinetes, directores generales, secretarios de estado de la región y guarda pretoriana con la que hubiera soñado Alejandro Magno camino de Persia. Que se lo miren los abogados del estado autonómico. Si algo bueno vino con la crisis fue la apertura de ojos para ver el agravio entre los currantes y la clase preferente, los que pagan y los mantenidos, los que viven y el resto. Mala hora aquella del otro consejero que se atrevió con la cuestión a los servicios públicos, «¡según están las cosas!».

Así se da pie para otro acontecimiento sonrojante en torno a la prestación sanitaria que disfrutan los leoneses. Llegará el momento de la puntuación y saldrán dieces en las notas (no por Diez de Valdeón y Díez Astorgano, precisamente), pero en las puertas de los centros sanitarios se apilan los muy deficientes de gestión. La verdad se clarea en la ventanilla de atención al paciente, donde acuden los afectados timoratos y huidizos, temerosos de que además de la desatención recibida les tomen la matrícula en los despachos de alta dirección y la próxima vez se lleven una reprimenda.

De la incidencia emerge una luz de esperanza; bravo por esas enfermeras que dieron la voz de alarma cuando llegaron los pacientes a una cita que no fue; bravo por la valentía social de los estamentos que sacan de la sombra y el aire acondicionado a los poderosos que administran la sagrada sanidad como si se tratara mercancía perecedera. De las conversaciones que transcriben la polémica queda claro que lo sanitario se gestiona en León como la cuenta de resultados de una sociedad anónima, con criterios que se alejan del objetivo prioritario de esta función, que es la salud de los leoneses. Detrás emergen los hechos; hechos tozudos, hechos delatores; hechos innegables.

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