TRIBUNA
Periodistas malhablados, poco leídos y nada escribidos
Llevo tiempo mirando el icono del blog en mi escritorio y hoy me he sentido especialmente desasosegado. Es como una novia que hubieras abandonado y te mirara todos los días con una pregunta en cada ojo. ¡Soy un vago! Mi amiga Catalina Seco me colocó a san Gandulfo como patrono y no sin razón. Reconozco que soy un vago. Pero me gusta ver o mirar aunque empiezo a estar harto de las dos cosas, como mi amigo Llanes que se estaba quedando ciego decía (y con cuánta razón). —¡Pa lo que hay que ver!... ¡Válgame san Gandulfo, mi santo patrono! Cada vez que abro un informativo en la tele, me tengo que agarrar al asiento para no darme de morros con el suelo y rematarme allí a patadas. Ya sé que este asunto no es de un periódico precisamente, pero no me queda más remedio que traerlo aquí, por si algún periodista de esos que no leen nada para hablar de todo, los picos de oro ágrafos de los que está lleno el medio, quiere echarle un vistazo.
Estos tíos al dar una noticia o hablar de la comida —este es un tema que aburre en todas la emisoras; nos están volviendo más tragaldabas de lo que ya éramos, que cada vez que nos sentamos a comer nos comemos un bodegón de Picasso— como quieren aprovechar hasta el último segundo que les concede la inmisericorde cuota de tiempo de pantalla, o eliminan las pausas o las colocan allí donde comienzan a ahogarse o donde no se necesita el énfasis y lo ponen por razones de bobería suma: — Buenastardeslamuertede HugoChavez halevantadouna oladeinquietud. ¡Anda ya y vuelve a la Escuela de Periodismo, desgraciado! El único instrumento necesario para ti es la palabra ¿y no sabes usarla ni cuidarla?
Y si no tienes palabras claras no tienes ideas claras y te vale cualquier cosa para rellenar la confusión de una noticia. Siguen esos periodistas, los pobres, modas; se imitan, se plagian, agarran el micrófono con una mano y abren la otra empujando para abajo como para asegurar la rotundidad.
María Rosa Calaf se mueve por un escenario para que la cámara sea más viva en la presentación de la vida que ocurre detrás, pues ya está copiada. No hay corresponsal que «Nos dé la Tarde», que no nos dé la tarde moviéndose como ella... por una cocina. ¿Y los saltitos emocionados o la ampulosidad de las reverencias ante el mapa del tiempo? ¡Pero si sólo es el Tiempo: meteorología sencilla llena de incertidumbre! ¡Por san Mariano Medina guía y protector de astrónomos!
Estoy seguro de que el locutorazo, que lo confiaba todo a la seriedad y su bigotito de la época, se revuelve en sus cenizas con ganas de levantarse y liarse a mamporros. ¿Y los que salen a la calle, que no sé si salen o la hacen, micrófono en mano, para preguntar al hombre de la rúa un ¿qué le parece a usted? ¿cómo querría usted? y luego dan la bobería de las respuestas casi como estadística… «Ya ven ustedes cómo piensan los españoles».
Y los españoles en lugar de pensar suelen ponerse a bostezar con una sensatez abrumadora. Hace ya... cuando lo del cónclave, uno de estos chicos del micro andaba preguntando a la gente de la calle, «cómo prefería que fuera el nuevo papa, joven o viejo».
Una señora gordita y alegre le contestó una hermosa memez y el periodista lo sacó en el telediario: —Yo querría que eligieran un papa joven, porque no me gusta andar cambiando de Papa cada poco. ¡Toma ya! La tía blasfema no sabe que los elige el Espíritu Santo. Moderación amigos.
Las palabras tienen que ser respiradas, y es en el aliento donde alcanzan su sentido. Buscad las pausas donde lo requieren, marcad los espacios entre ellas para separarlas o acercarlas según convenga, colocad un descanso cuando la frase esté terminada y paséis a otro asunto, dejad las manos quietas que parece estáis empujando la cabeza de un guaje del tercer mundo que busca pantalla. ¿Y los tonos y los acentos? ¡Poned los acentos en su sitio, o a cientos os llamarán tontos! ¡En cada respiración asoma la fractura de la muerte!
Por eso cuidad la voz y, si es necesario, haced gargarismos o meteos piedras en la boca, para «bien decir» que se parece mucho a bendecir con la palabra a los que os escuchan. Y por favor: eliminad las frases bobas como lo de «la asignatura pendiente», o lo de «saltaron todas las alarmas» o lo de «no se descarta ninguna hipótesis», etc.
Tres periodistas van en un coche... ¿por qué? Porque el primero sabe leer, el segundo sabe escribir y al tercero le encanta la compañía de los intelectuales. ¡Por san Gandulfo, amigo que me lees! Si conoces a alguno de estos periodistas díselo con tacto aunque puedes empezar con: —Venaquíamigue tequetevoyadeciruna cosa... Y si os escucha, andaos con tiento: es un periodista salido de la Logse.
Y con todo, una salvedad: los hay con un dominio maravilloso del idioma. ¿Por qué no cunde el ejemplo? Es cosas magnífica. Habla maravillosamente Luis María Ansón, habla muy bien Lorenzo Milá o Almudena Ariza o Ana Bosch ... ¿Por qué no los imitan? ¡Misterio! ¿Son las nuevas generaciones de gente malhablada, poco leída y nada escribida?