Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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La Junta de Andalucía, que nunca sabremos cómo ha logrado juntar a tantas personas de dudosa conducta hasta que ésta se hizo sopechosa para todos, está presionando a la impávida juez Alaya. A esta valiente señora le cuestionan su ecuanimidad, o dicho de otra manera, le reprochan que ella, que tanto cuida la línea, no haga la vista gorda. Algunos colegas, mucho más dúctiles, ponen en duda su imparcialidad y hasta el viceconsejero acusado la acusa de «corruptela procesal». Por algo que no podemos atribuir a la palabra casualidad, los inculpados no pueden llamarse procesados, lo que será prematuro, pero tampoco hay que llamarles por su nombre.

Eso explica que los innumerables jóvenes que, de mayores, quieran dedicarse a la política deseen ser «aforados», o sea, estar dentro de ella cuando les va bien y salirse cuando vienen mal dadas, lo que equivale a que les den algo menos de lo que esperaban obtener por su desbordado amor por la patria chica.

Salvo el maquinista del tren siniestrado el 24 de julio en Santiago de Compostela, nadie admite responsabilidades, ni confiesa que frenó tarde, además de equivocarse de tramo. ¿Cómo una persona tiene que equivocarse tanto y, sobre todo, cómo tantas pueden permitirse que se equivoque una sola? La pregunta es ahora si a la juez Alaya, que es muy trabajadora y tiene cara de maniquí laborioso, la van a permitir que siga trabajando

El admirable Papa Francisco, que cree que es redimible incluso la Iglesia que preside, pide integrar a los gais y combatir a los lobbies, pero nosotros lo que queremos es que le dejen a la juez Alaya que siga combatiendo contra la enorme tribu de los golfos nacionales. Ojalá consiga esta hierática señora hacerle un guiño a la Justicia y darle a todo el mundo lo que le corresponde. A ver si averigua el grado de responsabilidad de Rajoy o de la señora Cospedal, que parece que miente más que habla, aunque sea de pocas palabras. Que no le prohíban hablar a la esfinge. Tiene mucho que decir.

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