CORNADA DE LOBO
Tómate el engaño
Tomates parecen... de ley no son... sólo merecen... un pelotón.
Hubo un tiempo de sabores de cada estación del año... además, los pimientos, judías, tomates o patatas eran «del país»... sólo alguna fruta y hortaliza venían de fuera, poco más... y así se decía ¿pimientos?, del Bierzo... ¿judías?, de La Bañeza... ¿puerros?, de Villares... ¿tomates?, de Mansilla... ¿lentejas?, de Luna... y cada cosa en su mes, en su sazón... las nuevas variedades y razas se ven todo el año y las recolectan inmaduras para que duren la intemerata en cámaras y fruterías del súper.
Pero hasta que no llegan en agosto los tomates de Mansilla (los poquísimos que van quedando, la reliquia) me paso todo el año maldiciendo los tomates con que te tropiezas en la compra o en cualquier ensadala... tomates forrajeros, pulpa tiesa, insípidos de toda traza, tomates de chichinabo y laboratorio transgenético, tomate gominolo, mierda de tomate... sin embargo, hay alguno que aparenta sabor y descolla subiéndose a la moda y a la parra de los precios, pero o son duros y recios al diente o tampoco saben a tomate... y los llaman kumatos o rafs, nombres que parecen de una película de guerra entre aviadores japoneses y británicos en el norte de Birmania.
Acéptalo: ya no hay tomates... así que zapatea y tómateesetomate quenoestomate, carotomate, quetomatá...
Y lo que faltaba: en la Mansilla de la vieja fama tomatera celebran una fiesta del tomate, pero sin tomates del lugar, casi ni se ven, los cultivan dos (como el puerro de Sahagún, nadie lo trabaja, pero tiene feria)... además, en Mansilla traen de fuera mil kls. de tomates para un vergonzante remedo de la Tomatina de Buñol que da risa-pena; y añádase lo feo que está hoy estropear comida en caprichos o festejos municipales (los vegetarianos deberían reclamar el indulto de los tomates y el Banco de Alimentos pedir alguna dimisión).
En Reliegos aún queda buena mata tomatera de la vieja estirpe mansillesa (y en muchos particulates de la zona), menos mal, en mis sabores de agosto ese tomate entra por ley, vale lo que pesa y sabe lo que le pasa: que la guerra del mercado la tiene perdida... y la guerra «del país», dentro de nada.