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MANUEL ALCÁNTARA
León

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Antes de que se consumiera el plazo impuesto por el juez Ruz, el Partido Popular entregó un Apple y un Toshiba, que aunque tengan nombres de espías, uno inglés y el otro japonés, son dos ordenadores que vivían en la calle Génova.

Su dueño, también portátil, era don Luis Bárcenas, que momentáneamente ha cambiado de residencia.

¿Hasta qué punto se pueden considerar como armas secretas estos artilugios casi humanos? Tienen memoria, inteligencia y voluntad de servicio. Como todos los objetos, saben guardar silencio y solo hablan cuando se les pregunta.

«¡Qué quietas están las cosas y qué bien se está con ellas!», dijo Juan Ramón, que veneraba la belleza y también algunos objetos silenciosos. El poeta era un genio y el extesorero es un granuja, pero la adoración por las cosas calladas era común. Lo distinto es la finalidad. ¿Qué guardarán el Apple y el Toshiba? El presidario ya denunció por robo a quienes entraron si su permiso, forzando la cerradura de su despacho, y se llevaron los dos ordenadores.

Está claro que se han convertido en dos armas, que además son de repetición. Esta semana que hoy arranca, que será la última de agosto, revelarán su contenido, en presencia del secretario judicial y se podrá saber la veracidad de los apuntes de este señor que lo apuntaba todo.

Su abogado, Javier Gómez de Liaño, ha pedido calígrafos periciales, ya que nada impide que un embustero diga la verdad en concretas ocasiones. Quiere saber si los famosos vises que figuran en los papeles llevan la firma de Lapuerta, pero éste se ha caído dos veces en su domicilio, antes de caerse con todo el equipo financiero, y no está para traqueteos.

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Tendrán que hablar el Apple y el Toshiba, convertidas en dos máquinas de guerra tan silenciosas como el gas químico que está matando a cientos de personasen Siria. Se trata de saber la verdad. Mi santo patrono, Mariano José de Larra, no Mariano Rajoy, decía que la verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino a través del cieno.