Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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Ya me he leído el libro que Rodrigo Castaño de Luis y Juan, su padre, han escrito acerca de Morla, un pequeño pueblo del sudoeste leonés que está ubicado entre la Valdería y la Cabrera. Lo primero que cabe decir es que se trata de una obra total y definitiva sobre el pasado local, algo que en este tiempo loco que nos ha tocado vivir corre el peligro de pasar al negro baúl del olvido. Cada pueblo, dijo doña Concha Casado en la presentación, tiene una cultura que le hace único. Así, a través de sus páginas los autores rememoran la memoria de un tiempo construido con materiales sencillos, actitudes humildes y muchísimas horas de trabajo. Una serie de valores que parecen haberse perdido a golpe de modernidad y corruptelas a granel. Porque nuestra grisácea y despiadada de realidad está aplastando a los más pequeños, pueblos incluidos.

Los escritores hacen un documentado repaso a todos los aspectos que atañen a Morla: su marco geográfico, flora, especies arbóreas y fauna como corzos y jabalíes, así como un largo listado de aves. Para reforzar el texto en el aspecto visual se incluyen casi 700 fotografías de enorme valor etnográfico, cedidas en su mayoría por vecinos y amigos, que reflejan los rituales y modos de vida. Una existencia pura y sencilla que de esta forma se pone en valor. Un amplio apartado se destina a ese tipo de viviendas tradicionales con corredores y chimeneas que se han convertido en un recurso turístico de primer orden. Y lo merecen sin duda, pues combinan la belleza estética de sus formas caducas con el más óptimo aprovechamiento del espacio disponible. Un libro, cuyo objetivo esencial es recrear la identidad milenaria de Morla. Porque por ella pasaron los romanos, labrando su reputación civilizadora a golpe de espada. En fin, un pueblecito del León rural pleno de historias y reacio a perder sus tradiciones.

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