TRIBUNA

La ruptura del pacto del PSOE con el campo (V)

Publicado por
alberto pérez ruiz ex presidente de la Diputación provincial
León

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Quiero exponer, antes de terminar, una opinión sobre la exigencia, que hay quienes la consideran indiscutible, de que Matías Llorente, renuncie al acta de diputado al haberse roto el pacto que había hecho posible su presencia en la Institución provincial.

Como hemos intentado demostrar, los diputados de Ugal no han llegado allí como independientes bajo las siglas y la disciplina del PSOE, sino en virtud de un pacto firmado por ambas organizaciones que aspiraban así a aumentar su presencia en las instituciones y a colaborar en ellas mediante un trabajo conjunto. El que las listas en que figuraban unos y otros se hiciesen bajo las siglas del Partido Socialista era una de las cláusulas del pacto debida a razones prácticas y evidentes, pero en ningún modo significaba un sometimiento del sindicato respecto del partido como parecen entender quienes mantienen una actitud que puede ser interpretada como de desprecio hacia sus antiguos socios.

Cuando un pacto se rompe, lo lógico sería pactar también las condiciones de la ruptura. Nada de eso se ha hecho, y por tanto nadie tiene derecho a imponer a la otra parte las condiciones de manera unilateral.

Y como consecuencia de lo anterior, creo que hace bien Matías en defender lo que él cree, con razón, que fue fundamental en el pacto: la independencia y el respeto mutuo de las dos organizaciones firmantes así como conseguir la presencia de ambas en los Ayuntamientos y en la Diputación.

A modo de conclusión: Vamos a terminar con unas reflexiones que ya han sobrevolado a lo largo de estos artículos: que el pacto del PSOE con los sindicatos agrarios progresistas de nuestra provincia fue un gran acierto, que tuvo una enorme influencia, por supuesto positiva, en nuestra vida política durante casi treinta años.

Y sobre todo (esto sea quizás lo más importante en términos democráticos) este pacto se gestó y funcionó con una gran unanimidad y sentido del diálogo, y siguiendo los cauces que la democracia ofrece para superar las discrepancias, cualidades que han estado ausentes a la hora de la ruptura.

Creo que esta fue un error, que una decisión tomada en unas horas no puede dar al traste con una colaboración y convivencia amasadas durante treinta años y que, aparte de las connotaciones políticas que pueda tener, ha sido un insulto y una bofetada a los esfuerzos de miles de socialistas y sindicalistas de nuestros pueblos que (en total sintonía en este tema con nuestros dirigentes) hemos luchado a los largo de estas tres décadas para conseguir integrarnos todos en el proyecto de progreso que nos propusimos poner en marcha desde que comenzaron a funcionar nuestras instituciones democráticas.

Y por tanto no podemos estar de acuerdo con que toda la problemática que hemos intentado plantear se despache con un aventurado cálculo matemático sobre el número de votos que se han perdido, un cálculo que se habría hecho de otra manera si su autor o autores hubieran estado presentes en alguna de esas concentraciones de que hemos hablado o hubiesen conocido, aún por encima, la historia de estos treinta años.

En el resumen histórico a que aludí en el primero de esta serie de artículos he insistido en algunos aspectos negativos de esa historia, en sus luces y en sus sombras, hasta el punto de que alguien podría convertir esa insistencia en una razón para la ruptura, pero lo hice precisamente para reforzar una conclusión que debemos tener clara todos los que hemos dedicado parte de nuestra vida a la política: esta no es el arte de adoptar en todo momento la solución ideal, que no suele existir, ni la más favorable a nuestros intereses personales, sino el de estudiar todas las posibilidades que se nos presentan y elegir en cada caso la mejor y, a veces, la menos mala.

Y en nuestro caso, la mejor solución no es la de la ruptura del pacto a pesar de las sombras, ya que son mucho mayores las luces.

Y el PSOE, en vez de conformarse con pensar y decir que la proporción de votos que había perdido con la ruptura era muy pequeña y que Matías se había bajado de un tren al cual ya no se iba a poder subir ya nunca, debería admitir también la posibilidad de que sea la otra parte la que se ha bajado del tren, al que quizás ya no pueda subirse aunque lo intente.

En resumen, creo que fue un error romper el pacto y que todavía estaríamos a tiempo de enmendarlo aún siendo consciente de la dificultad que ello supondría.

Y me baso, entre otras razones, para pensar así, en que no he olvidado las palabras de Julio Villarrubia que en el Diario de León.es de 4 de septiembre de 2012 decía que « las discrepancias con Ugal se aclararán y arreglarán».

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Aunque no me consta que hoy siga pensando lo mismo, quiero creer que todavía lo siga deseando en consonancia con muchos militantes del PSOE y de la propia Ugal que sí lo estamos pensando y deseando, aunque no todos tengan la oportunidad, o no se atrevan, a expresar su opinión con la claridad y rotundidad con la que yo lo acabo de hacer en estos artículos