CORNADA DE LOBO
Algo de roña
T inín, Tinín, lávate con jabón, que hoy es domingo ... gritaba una paisana en Matueca... pon que corría el año 1952.
Ah, ¿domingo?, pues trae el lagarto .
Y lo de lavarse a diario casi se hacía como lo enseña el gato: se mojan un poco las manos, con ellas se frota el rostro, se atusa después bien el pelo y queda uno como en la copla, «con la cara lavada y resién peiná».
En sólo cincuenta años la higiene personal de este país cambió mucho, que aquí había no pocos pueblos donde se cagaba sólo en la cuadra aunque hubiera cuarto de aseo, un canijo baño que finalmente se accedió a instalar no para usarlo, sino por si tenía que venir el médico a casa... en toda España se cuenta lo de unos lugareños recibiendo a los parientes de la capital que venían de visita: «pues hace ya casi dos años que pusimos el baño, pero afortunadamente no hemos tenido que estrenarlo»... lo cierto, sin embargo, es que en no pocas casas entró mucho antes la tele que la ducha.
Entonces, del alzheimer se sabía poco o nada y a sus raras manifestaciones las llamaba el médico (y los parientes en voz baja) demencia senil . Este mal no tenía, ni mucho menos, la presencia que hoy muestra obligando a preguntas que no dejan de repicar: ¿por qué antes no había tantísimo alzheimer?... ¿cuál es la razón de esta pandemia ?... ¿qué causa el mal?... ¿es que ya no puede el cerebro asimilar la vomitona de información y tristeza que cada jornada nos echa encima y se rinde agotado, se le funden los plomos ante un esfuerzo imposible o innecesario?...
Pues hace días se conoció algo sorprendente: aseguran científicos que la excesiva higiene personal de hoy puede estar tras el alzheimer, que lo origina o favorece, válgamediós... ¡tanta ducha, tanto gel, tanta profilaxis!... a ver si ahora resulta que la madre de Tinín tenía su razón al acotar el jabón sólo para los domingos... ¿será que algo de roña encima ayuda al sistema inmunológico del cuerpo?... seguramente, con ella convivió siempre... lo dijo también Ambrose Bierce en 1867: «Desconfía de la gente que se lava mucho las manos... y de aquellos que dicen leer la Biblia sólo por su estilo literario».