CRÓNICAS DE ACULLÁ
De llorar y mamar
A l final, mira por dónde, igual vamos a terminar dándole todos las gracias al presidente del Consejo Comarcal del Bierzo, Alfonso Arias. Su ocurrencia de «privatizar» Las Médulas, así a lo relaxing cup of café con leche , ha terminado sonando a las puertas de la Junta como aquellos pepinazos de dinamita con los que la propiedad de la macrocantera de Peñamala tenía la mala costumbre de recibir a algunos insignes visitantes del paraje Patrimonio de la Humanidad. Tal revuelo se ha terminado montando en torno a la posibilidad nada más que imaginaria de que se vendiera por parcelas a la iniciativa privada La Cuevona o el mirador de Orellán, que la consejera de Cultura, Alicia García, se ha visto en el brete de tener que referirse más a las viejas minas romanas de oro en apenas veinticuatro horas que en todo lo que va de mandato y tal vez que en los de varios de sus predecesores juntos.
Lástima —y ojalá me equivoque— que desde el prisma institucional lo de llorar y mamar en el caso de Las Médulas tenga tan poco que ver con la correlación del manido refrán. Desde la Junta hasta el Ministerio de Cultura, que a veces en los últimos veintipico años desde la declaración de la Unesco ha caído también la tentación de realizar alguna que otra promesa para acabar de engarzar la mayor joya arqueológico-natural de la autonomía, siempre los planes integrales de uso, la coordinación o la mejora de infraestructuras básicas para el vecindario, se han traducido con el paso del tiempo en puros y vacuos eufemismos.
A eso vuelven a sonar lamentablemente, bajo el lastre de ese pedrigrí, las recientes manifestaciones de la consejera García para apagar el último incendio meduliano, sugiriendo futuros planes inversores a lo largo del año que viene en el ámbito de la señalización o para la gestión de las visitas organizadas al caprichoso supercielo abierto que heredamos de Roma. Tendría pinta de milagro que San Alicia, que dicen que es la patrona de los paralíticos, fuera capaz de obrar ahora en Las Médulas la dinamización y la puesta en valor turístico y patrimonial que no se ha conseguido en tantos y tantos años de bonanza o de dispendio económico generalizado. Entonces, cada vez que llorábamos, lo más que conseguíamos era que nos enviaran, educadamente eso sí, a mamarla . Pero ojalá me equivoque.