Diario de León
Publicado por
alfonso GARCÍA
León

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Corre por nuestra geografía, como las dosis explosivas de la pólvora, un afán de prohibición, punitivo como consecuencia, que acongoja al más templado. Se hacen más largos los capítulos de las Ordenanzas sacudiendo estopa a troche y moche, con cantidades de castigo por una falta casi inocente que exige tres o cuatro meses de trabajo. Con suerte. Revisen los curiosos, sin salir de los límites más cercanos, algunas medidas —¿hasta 1500 del ala por dejar publicidad en un vehículo?— para comprobarlo.

No digamos nada de cartelitos y nuevas señales que abruman y entorpecen la visión del paisaje urbano. Y del rural también, que la moda se convierte en niebla espesa. Parece que en esta carrera de atolondramientos y contradicciones, pilar sin duda de nuestro creciente descrédito, todos buscan la originalidad, el golpe de efecto, con la sonrisa desafiante de quien no tiene el más mínimo sentido del ridículo y la proporción.

¿Será la nueva fórmula para asegurar nombre en lista, vistas las patadas en el culo –o donde se tercie— que se dan para llegar a Europa, quizá huyendo/apartándolos de la quema? Sería bueno un «Manual de Prohibiciones y Castigos por Comunidades Autónomas, Ciudades y Pueblos del Reino», con traducción para turistas y despistados. Y en portada, la bandera correspondiente con una leyenda bien centrada que diga algo así, mejor con ripio: «Para evitar sanciones, a mear y p’a la cama».

En esta innegable epidemia del miedo, de los múltiples miedos que nos atenazan, al amparo de pretextos de baja calidad moral, a servidor le llamó la atención una ocurrencia: el casting a que en una ciudad piensan someter a músicos callejeros. Lo que no explican es qué criterios van a seguir ni quiénes formarán el jurado a la hora de la selección. Ni siquiera si se les aplicará un canon dependiendo de la zona que, en teoría, se les asigne. Inevitablemente, la ironía; que nadie piense como idea, que todo podría ocurrir. ¿A alguien se le ocurrirá exigir pajarita a los pobres que mendigan para amortiguar el hambre? Quizá sombrero ‘panamá’ como ejercicio de identificación. Y, por supuesto, darse de alta como autónomo con el consiguiente plus por ocupación de la vía pública.

Llegado a este punto, uno no puede por menos que pensar en la legitimidad moral. ¿Cuándo el pueblo podrá hacer algún casting? No a los políticos legitimados por las urnas, aunque sea muy mejorable la convocatoria y en todos, todos los casos. Sí a una legión infinita de ayudantes y consejeros expertos que, en muchas ocasiones, sólo muestran como mérito haber pegado carteles en las campañas. De unos y de otros, para qué vamos a engañarnos.

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