Diario de León

LA 5.ª ESQUINA

Un país para comérselo (a tope)

Publicado por
JESÚS Á. COUREL
León

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Decía uno de los cámaras de la serie de TVE, Un país para comérselo, que no había visto un paisaje tan espectacular, cuando colocaba la cámara en el mirador de Orellán. Para mayor gloria de su oficio, el crepúsculo comenzó a dejar retazos dorados sobre los picuezos de Médulas y a iluminar tenuemente el ojo de cíclope (como lo define Jesús Celis) en que se ha convertido la abertura hacia el abismo de la última galería que hoy se visita. Cada atardecer el espectáculo es único desde esa atalaya, no solo por lo irrepetible de cada ocaso, sino por evocarnos el pasado y por mostrar la transformación inexorable del paisaje a lo largo de los siglos. Al ajetreo de cámaras, productores y guionistas del programa, a los que acompañé a lo largo de una tarde por el paraje, se oponía la lentitud con el que discurre la vida por estas tierras y que definen la parsimonia del tiempo sobre las inquietudes humanas. O como diría Prada: a tope.

La serie de televisión Un país para comérselo , que presenta Ana Duato, junto a la otra de Francis Lorenzo, España a ras de vuelo , nos mostrarán un lugar espléndido cuando emitan sus capítulos por la inefable televisión. No es de extrañar que ambos vinieran a este enclave ancestral con muchas historias que contar —cuyas alegrías y tristezas van a la par— y rico en diversidades, sobre todo en lo referente al género humano. Cuando se habla del Bierzo, cuando se quiere significar el trabajo bien hecho (con los pies en la tierra), siempre se acude a la casa de José Luis Prada, como si se tratase del anciano demiurgo de la tribu pimentera, que trabaja incansable por conseguir la inteligencia colectiva. A tope.

Si el Bierzo tiene un apellido, ese es «a tope». Es el que mejor define nuestro viaje a ninguna parte para volver a empezar, donde lo dejaron nuestros abuelos; aquellos que guadaña al hombro y de sol a sol, plantaron cepas y castaños con los que ahora queremos vivir, aunque aún no sabemos cómo. Salvo Prada y otros pocos, entre los que hoy cito a Joaquín de Veigadarte y a Enrique de la Oricera. Su trabajo titánico con la tierra es lo que vienen buscando las televisiones ahora, como antaño vinieron los romanos por el oro o los monjes siguiendo la ruta de Santiago.

Dentro de cien años, cuando Prada esté embalsamado como Lenin y la revolución agrícola siga en trámites de impacto mental —al igual que la oxicombustión—, las televisiones (o lo que haya entonces) volverán al Bierzo a buscar la esencia de nuestros longevos patriarcas. Y preguntarán si Prada vive todavía. Y también es posible que pregunten si este sigue siendo un país para comérselo, «a tope»... Había que hacer algo.

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