AL TRASLUZ
Nos llamamos
Ah, el teléfono, gran invento. Y no los nacionalismos, que se le ocurren a cualquiera, con tal de salir en los sellos. Hace unos días me llama mi mujer y me anuncia: «Esta semana cobramos la quiniela». Contesté emocionado: «Albricias, era cierto lo de los brotes verdes». Por los once aciertos nos darán tres euros y cuatro céntimos. ¿Mucho, poco, regular? Aquí es donde cada cual hace de su caja un sayo. No diré que me parezca para bailar el sirtaki, pero alegra la honra. Por ejemplo, con esa cantidad puedes comprarte un ejemplar del periódico y leerlo mientras tomas un café. ¿Con pincho de tortilla y zumito de naranja? No, caballero, para eso tiene además que haber descubierto la fórmula para convertir el plomo de su cuenta corriente en oro de Las Médulas, tal alquimista, y en ello estamos muchos, aunque se nos resiste la probeta. Pues sí, un inventazo. Leo en el suplemento Innova de este periódico que dos leoneses han desarrollado una aplicación para móvil que mide los sonidos emitidos en una relación sexual, y luego permite compararlos con los de otros usuarios. Hombre, si de gritar se trata, entonces, todos gritamos ya lo nuestro cuando nos llega la factura. Mira que no habrá inventos pendientes en el mundo de la telefonía, como la máquina para cambiar de compañía sin perecer en el intento. Orgasmómetro lo han llamado nuestros paisanos, que tendrá un folleto de instrucciones de lo más escabroso, suponemos. Me van a disculpar, cómo dijo doña Sara: «¡Pero qué invento en éste!». Mi sentido de la megafonía sexual llega hasta ponerme de politono la canción Just a gigolo . A partir de ahí, se cae en la psicodelia tecnológica.
En una llamada, mi madre me cita al Dalai Lama: «Sólo hay dos días en el año en que no se puede hacer nada: ayer y mañana. Por tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y principalmente vivir». Bellas palabras. Se intentará. ¿Y si hay sobrecarga en la red?, preguntará con retintín don Pésimo. Pues se intenta más tarde.
Y a quien no hay que llamar dos veces es al frío leonés. Ha regresado antes de sus vacaciones, dispuesto a durar tres inviernos y medio. Su vuelo tiene más de paloma mensajera que de whatsapp ¡A por las bufandas, paisanos!