León

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Vamos a llevarnos bien, propuso el verdugo al reo, segundos antes de darle el hachazo. Los socialistas leoneses no se llevan bien entre ellos. ¿Y?, preguntará ese lector cáustico que todos los columnistas tenemos. Es que ahora además de no llevarse bien estos con esos, ahora han aparecido, tal flemón, aquellos otros. ¿Y?, volverá preguntar.

Vale, lo consustancial a la clase política es morderse a ratos. Ya puestos a ello, mejor que sea yugular conocida, dirán algunos. Pero no es de ahora, ni sólo de este partido, viene de antiguo. Leo que Caro Dobón, de la Universidad de León, ha demostrado -junto con otros investigadores- que el rey Alfonso, hermano de Isabel la Católica. no murió de peste sino envenenado. No diré que ya lo sabía, pero sí que no me ha pillado de sorpresa, dado cómo se las gastaban en el medievo cuando dejaban a un lado el laúd y las vidrieras. Al parecer, le sirvieron truchas envenenadas. En 1978, García Sánchez dirigió una película en la que los comensales de un banquete de pescadores deciden, cada cual por su sinrazón, comerse unas truchas podridas, asumiendo las mortales consecuencias. Pero del rey Alfonso no consta que entonase “dame veneno que me quiero morir/ que prefiero la muerte que dormir contigo”. A los socialistas leoneses también les gusta la trucha, cuando no la cocina Macbeth.

Llevarse bien con el político ajeno no tiene mérito. Ahí están las llamadas de Gila al enemigo: nunca recibió una mala contestación, ni una palabra más alta que otra. En cambio, era llamar a su propio cabo y unos tacos, unas maldiciones, unas amenazas de consejo de guerra. Lo de la cuna del parlamentarismo hay aún que trabajarlo.

Hay quienes creen que en este país los últimos que se han llevado bien fueron don Quijote y Sancho, por ser ambos del Real Madrid, que de no serlo no pasan de la primera venta sus andanzas. También Santiago Ramón y Cajal tuvieron sus más y sus menos por a quién le correspondía quedarse con la medalla del Nobel. Pero jamás se perdieron el respeto, convencidos de que no hay desavenencia que no pueda resolverse ante una cazuela con truchas. Nuestros socialistas también lo creen, pero dadas las circunstancias, prefieren traérselas ya cocinadas de casa.

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