TRIBUNA
Hospital de Órbigo: Víctimas alemanas del nazismo
Hospital de Órbigo es conocido por su puente románico y las gestas que sobre él protagonizó don Suero de Quiñones, así como por ser un punto donde los peregrinos se curaban los males provocados por el camino hacia Santiago de Compostela. Recientemente se ha convertido, además, en un lugar para el recuerdo de las víctimas alemanas del nacionalsocialismo. Dos hechos avalan esta afirmación. Por una parte, el albergue parroquial de peregrinos ha sido bautizado con el nombre de Karl Leisner, un ferviente católico que se opuso con valentía a Hitler por lo que fue recluido en el campo de concentración de Sachsenhausen y, más tarde, en Dachau. Allí, en condiciones insólitas, fue ordenado sacerdote. Murió de tuberculosis a los 30 años tras ser liberado por las tropas norteamericanas. Unos días antes había escrito en su diario: «Bendice, Señor, también a mis enemigos».
Por otra, el autor de este artículo, nacido en Hospital de Órbigo, lleva años investigando sobre el destino de las víctimas más olvidadas del nacionalsocialismo: los enfermos mentales recluidos en los manicomios de la época. Cuando los nazis llegaron al poder había más de trescientos mil y sobre ellos, como más tarde sobre los judíos, caería uno de los regímenes más sanguinarios de la historia de la humanidad.
Recuerdo que a mediados de la década de los noventa del siglo pasado, trabajando en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica de Segovia, pretendí hacer una investigación sobre violencia y enfermedad mental. Al revisar la bibliografía, me encontré con el mayor acto de violencia dirigido contra los enfermos mentales: la Aktion T4, nombre encubierto con el que el régimen nazi quiso exterminar a todos aquellos enfermos sin posibilidades de curación. Para ello empleó el eufemismo de la eutanasia, de la muerte por compasión. Las cámaras de gas en la Alemania nazi no se inventaron, como suele creerse, para el exterminio de los judíos europeos sino que se diseñaron para ejecutar el programa de eutanasia. Las enseñanzas que sacaron de esta masacre la utilizaron después para el Holocausto judío. Eutanasia y Holocausto están íntimamente vinculados en la actividad criminal del nazismo.
Tengo el honor de ser el ciudadano español que más ha investigado y escrito sobre esta tragedia. Mi primer relato lo titulé Hadamar primero, Auschwitz después , y fue publicado en el año 2000. En él pretendía narrar el exterminio de los enfermos mentales alemanes, cuyo símbolo es el manicomio de la ciudad de Hadamar, desde la óptica de los verdugos, los psiquiatras nazis. El siguiente objetivo fue relatar esta tragedia desde la óptica de las víctimas. Para ello, comencé a urdir una nueva trama centrada en una familia que regentaba una carnicería en la plaza de Potsdam de Berlín. Uno de sus hijos sufrirá una enfermedad mental grave que lo convertirá en una de las innumerables víctimas del programa de eutanasia. Lo titulé Potsdamar Platz (Berlín), Plaza de los Naranjos (Marbella) y se publicó en el año 2004.
Los datos acumulados en el proceso de documentación me estimularon a escribir un ensayo sobre la idea que tenían los nazis de la eutanasia y la discusión actual en la Unión Europea sobre la despenalización de la eutanasia activa en determinados supuestos clínicos, como es el caso de Holanda y Bélgica. El resultado fue un extenso ensayo de más de cuatrocientas páginas con el título La «eutanasia» en la Alemania nazi y su debate en la actualidad (2009).
Ahora se acaba de publicar el último y definitivo ensayo de esta tetralogía con el título Hadamar, Treblinka y Auschwitz: De la «Eutanasia» a la «Solución Final». El núcleo central de esta nueva obra es analizar la relación que existió entre el programa de «eutanasia» y la «solución final a la cuestión judía» junto con el preponderante papel que en ambas tragedias jugaron los médicos alemanes.
En la actualidad, en medio de esta crisis que no parece tener fin, estamos asistiendo a un abuso desmesurado de analogías con el nacionalsocialismo. Yo no quiero caer en este error, pero sí mencionar que mientras que los nazis pretendieron exterminar a los enfermos mentales incurables, el neoliberalismo voraz y privatizador que nos gobierna sólo quiere dejarlos a los pies de los mercados. Si el colectivo médico alemán guardó silencio ante la matanza de los enfermos indefensos, ahora los médicos salen a la calle para defender una sanidad pública de calidad y solidaria con los más desfavorecidos.